Heriberto Yépez el neocristianismo-MTV de su filosofía


Heriberto Yépez, neocristiano-MTV

Este libro había sido escrito para conversar con la gente.

Un autor no especializado se dirigía a un público no especializado,

con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial,

historia contada por los vencedores, esconde o miente.”

Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina

El domingo 3 de mayo, en el suplemento “Identidad” del periódico “El Mexicano”, apareció una nota titulada, “El libro que Chávez no le dio a Obama”, del escritor académico Heriberto Yépez.

Yépez reflexiona en su nota, sobre la selección literaria que el presidente Hugo Chávez obsequió a su homólogo, Barak Obama, durante la cumbre hemisférica del pasado mes de abril. El libro elegido fue “Las venas abiertas de América Latina”, del uruguayo Eduardo Galeano, y cuya lectura desconocía el presidente norteamericano.

Yépez, no estando de acuerdo con la elección del título, sugiere que leer “Las venas abiertas”, implica quedarse en el “izquierdismo culpígena y simplista (América Latina como ¨víctima¨).”; y con pretensión psicoanalista condena el libro, porque según él, “Enardece, indigna y produce emociones que la historia muestra a qué conducen: Cuba, Chávez, ¡nuestro Amado Intra-Autoritarismo Romantizado!”.

Al igual que en otras notas publicadas en el mismo suplemento, Yépez simplifica temas complejos a caricaturas posmodernas salpicadas de modismo de barrio, sintaxis a la MTV, y una tardía “rebeldía”, que esconde una crítica disfrazada de “objetividad”, cuando en realidad es una taquigrafía ideológica, símil de las contracciones lingüísticas utilizadas en los SMS.

Definitivamente, como toda literatura política, el libro de “Las venas abiertas”, es candidato a ser actualizado; no obstante, el rigor documental y la prosa poética de Galeano, es en si una escuela literaria y un rizoma bibliográfico de toda una época; y su creación refleja un procedimiento de investigación y comprobación documental, que Yépez no logró asimilar a pesar de confesarse aprendiz del libro: “Muchos aprendimos ahí la historia del saqueo que hemos sufrido.”.

La nota de Yépez, está llena de juicios y sentencias que se contradicen y dan forma a lo que llamaré el pensamiento neocristiano yepeniano: “El problema con ese valioso libro [Las venas abiertas] es que no rompe con la moral judeo-europea”, “King es el mayor profeta que ha tenido el Nuevo Mundo.”

¿Acaso Yépez piensa, que Martin Luther King rompió con la moral judeo-cristiana? -King fue reverendo- aparte de abogado, y la razón por la que el movimiento que lideró llegó a completarse con el triunfo de Obama, es por sus raíces judeo-cristianas tan compatibles con el resto de las sectas y religiones representadas en Estados Unidos.

El neocristianismo yepeniano empuja a caer en las trampas de la fe, evadiendo el hecho de que toda profecía, incluyendo las de Luther King, son declaradas -acertadas- hasta después de suceder los hechos, es decir, cualquier profecía puede ser una auto-realización. Y técnicamente hablando, los discursos de King son -predicciones lógicas- que tarde o temprano se cumplirían como la de una mujer, un latino, un asiático o un gay gobernando en la Casa Blanca.

Según Yépez, “Hubiese dado [Hugo Chávez] un más poderoso mensaje de renovación de valores, no basados en la denuncia victimista sino en la esperanza activa, no tanto en el reproche marxista (refrito) como en la profecía pacifista.”.

El libro de Galeano, no es una “denuncia victimista”, es una denuncia seria y articulada como lo fueron los discursos de Martin Luther King, y hacer proselitismo por un pacifismo, que ya ni abogados, doctores o religiosos mexicanos defienden, es perder la noción histórica y cultural del país en que se vive.

Si Yépez comprendiera la historia afroamericana del siglo XX, sabría que una verdadera alternativa a la “moral judeo-europea” de la que habla, fue la visión de Malcom X -el musulmán- cuyos discursos inspiraron la organización de grupos como los Black Panthers y el Black Power Movement, a nivel nacional.

Ey, bro, no olvides tús raíces más profundas…” Nos dice Yépez, en voz de un “Hugo Chávez” hipotético, promoviendo la idea de que el presidente Barak Obama -sufre amnesia cultural- una opinión infundada y contradictoria, puesto que la integración afroamericana desde su inicio significó un distanciamiento de la identidad racial, de esa negritud que Yépez, eufemísticamente describe como: “La luz más brillante de toda América fue luz poética, luz serena, luz negra.”.

Luther King, promoviendo el Acta de los Derechos Civiles, y el Acta del derecho al voto, aceleró la integración afroamericana a la sociedad anglosajona. Históricamente, King y Obama son reformadores; dos caras de una misma asimilación no revolucionaria, como lo demuestra el “socialismo para los ricos” auspiciado por Obama, como rescate de la banca y la industria norteamericana, sin mayores resultados demostrados, pero si con una billonaria deuda que el resto del planeta, tendrá que solventar de alguna manera.

La noción del tiempo histórico de Yépez, ordena a conveniencia las causas y los efectos: “Fueron Michael Jackson, Michael Jordan, Prince, Bill Cosby, Denzen Washington y Will Smith quienes facilitaron el voto hacia Obama, sus más directos precursores.” Indudablemente, el mundo del pop negro norteamericano apoyó a Obama, pero ello no significa que su convergencia política, sea una causa precursora; es un -efecto histórico- contundente al movimiento por los Derechos Civiles, que les abrió las puertas al mainstream del entretenimiento y los deportes.

Si a 40 años del asesinato de Martin Luther King, se eligió un presidente negro, queda históricamente claro, que el verdadero socialismo sin exclusividades raciales, como lo definió en su evolución final, Malcom X y el Black Power Movement, es hoy importante y necesario estudiarlo, y no sólo un “reproche marxista (refrito)”, como sentencia Yépez.

Al parecer Heriberto, pretende congratularse con -Big Black Brother- y con ínfulas revisionista similares a las de Salvador Borrego, pretende el escamoteo semántico: “Las venas abiertas, además de concientizar, promueve el resentimiento y la fantasía de que hemos sido oprimidos por ‘otros’.”

El profesor emérito Jack Forbes, en su libro “Colón y Otros Caníbales”, nos habla de la “psicosis caníbal” -el consumo del Otro para bien propio y de lucro- declarando este comportamiento como una enfermedad mental llamada por los indios Cree: Wetiko, palabra que “se refiere a un caníbal, específicamente, a una persona o espíritu maldito que aterroriza a otras criaturas por medio de actos terribles, incluyendo el canibalismo”, ¿Será esta la fantasía del Otro, a la que Yépez se refiere?

Cuando fue interrogado acerca de sus declaraciones de que los blancos eran diablos, Malcolm X dijo: “Cualquiera que viole, y saquee, y esclavice, y robe, y lance bombas en pueblos… cualquiera que haga estas cosas no es más que un diablo”. Esta es la perspectiva nativo y afroamericana, que Yépez evade confrontar e ignora despóticamente con argumentos que no distinguen entre filosofía de liberación, izquierda marxista y antisiquiatría.

Lo absurdo de la visión de Yépez, es que teniendo estudios psicológicos, ignora los protocolos básicos para el tratamiento de una experiencia traumática, como lo fue la conquista, la esclavitud y el canibalismo industrial. El libro que le fue dado a Obama, es un gesto simbólico cargado políticamente con documentos que insisten por preservar una memoria colectiva de liberación.

Lo que provoca al lector, el leer “Las venas abiertas”, no implica una erupción social virulenta de odio automático, como dictamina el determinismo prejuicioso yepeniano. Provoca, si, una comprensión política de lo que ha sucedido y lo que no hemos podido transformar. Y ante esta situación psico-histórica y frustrante, lo peor que puede sugerir un psicoterapeuta a una víctima de shock, es contener la ira y el resentimiento.

El tratamiento postraumático más eficaz -clínicamente comprobado- es la terapia cognitiva; el hablar para recordar lo que sucedió y lograr comprender e integrar la memoria traumática de la crisis y el shock. Esto implica una transformación y no una simplificación posmodernista, como nos sugiere el corpus filosófico yepeniano.

Franz Fanon, que antecedió a Michael Foucault, al posmodernismo y al postcolonialismo, en su libro “Los Condenados a la Tierra”, definió la psicoterapia del poder que mediante amnesia social a partir de tortura y negación de la humanidad del individuo, crea -el corsé de miedo- que le impide la auto-determinación.

El rompimiento de la causación histórica, y la simplificación y fragmentación de la memoria colectiva, elimina los culpables: Sin evidencia no hay crimen; La consecuencia de olvidar no solo los hechos, -sino su orden- es caer en la prisión del círculo vicioso de la historia, que nos ha traído la crisis global, la pandemia del H1N1, y un posible aniversario violento de la revolución e independencia mexicana, como apuntala la integración del Ejército Mexicano al Comando Norte de Estados Unidos, y la Ley de la Policía Federal, que permite a esta corporación vigilar y torturar a ciudadanos, como lo hace el Servicio Secreto Soviético, la CIA o la Mossad, en nombre de la “seguridad nacional”.

No tanto acusación al otro sino conciencia de la responsabilidad propia de lo sucedido.”. Yépez hace declaraciones vexadas -al perdón histórico- y nos recuerda la sentencia popular judía: “perdono, pero no olvido”.

Yépez -el psicólogo pacifista- niega “el poder catártico de la violencia revolucionaria” descubierto por Fanz Fanon; y menosprecia los efectos psicopatológicos en el individuo por reprimir la indignación, la cólera y la impaciencia ante la injusticia de más de cinco siglos. Negando, irresponsablemente con simplismo profiláctico, que lo peor que le puede suceder a una víctima de shock -por accidente, catástrofe o crisis social- es no tener la oportunidad de saber lo qué le sucedió y de re-construir los hechos que posteriormente lo arrastraron del trauma al complejo, y así a la impotencia de obtener algún tipo de resolución y conclusión.

Esta es la herida de “Las venas abiertas”, y de ahí su gran valor simbólico en cuanto a mensaje continental político. Aun así, Yépez insiste, “Las venas abiertas, ¡hay! Es una obra basada en valores… del viejo mundo.”; difuminando la volición -Resisto por lo tanto Existo- de la filosofía de liberación articulada en este libro políticamente cargado, si, -no manso- como canta Yépez en su apología neocristiana: “King es el gran guerrero manso, aquel que vio la promesa cumplirse desde la montaña”, y así lo asesinaron -a sangre fría- igual que a Malcom X, Ché Guevara y a Cristo.

La metapolítica del antiguo Heriberto Yépez, ha degenerado en un neocristianismo ahistórico que funciona creando maniqueísmos donde no existen, y fusiones semánticas que resultan incapaces de interpretar la realidad mexicana.

Indudablemente, Yépez, pretende imitar a su gran maestro, el filósofo Horst Matthai Quelle, que intentó “reinstaurar el pensar metafísico y el anarquismo”, no obstante, la filosofía yepeniana se acerca más al despotismo calderonista, que al -auto-crítico- aforismo de Matthai: “El que no acepta el solipsismo es un farsante”.

Gerardo Navarro, Nemónico

www.teatrodelamente.blospot.com

www.youtube.com/psicoteatro

www.mentalista.8k.com

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