Heriberto Yepeñol, medios, monopolios, y mexicanitos prepotentes


Actualizado recientemente6“Hay que competir, no le saquen.”
H. Y.

A dos días del mes de la patria me gustaría hablarles de cierto “mexicanito” y su pequeño mundo intelectual: las declaraciones del “filósofo rey”, Heriberto Yépez, en respuesta a la declaración de Virgilio Muñoz, director del Cecut, publicada en La-Ch.com, el 17 de agosto, 2009. Yépez, en su blog HACHE, lanza su disclaimer deslindándose de cualquier “diálogo” y “apertura” entre Muñoz y él, y de paso lanza diatriba a escritores y artistas que no estan de acuerdo con su boicot al Cecut:

<<Yo concurso. Me gusta ganar. A los mexicanos tradicionales les gusta quejarse y cuando alguien dice que le gusta ganar, los mexicanitos les da coraje, porque nunca han podido ganar nada y por eso tienen que arrodillarse a personas como Virgilio Muñoz, como han hecho ya sabemos quiénes (“escritores” y “artistas” cuya obra nunca ha levantado interés más que a su propio ego y que, en realidad, ni siquiera obra tienen sino puro bluff, o si no que me digan dónde están sus libros u obras visuales y ya con preguntarles esto, estoy seguro, ya están enojados).>> ¿A quién le habla Yépez? ¿A Leobardo Sarabia? ¿Luis Martín Solís? ¿A Rodolfo Álvarez? ¿Fran Ilich? O ¿A todos los que no comulgamos con él?

Si la paranoia es tener miedos infundados, Yépez es un paranoico que ve convenientemente “moros con tranchetes” -sin atreverse a entrar en debate directo- evadiendo la confrontación y el fundamento democrático en el que supuestamente sustenta su “lucha”. Su blog ni siquiera tiene activado los comentarios ni sus publicaciones llevan fecha, ¿es anacrónico y autártico? O ¿Será que recibe demasiadas críticas de “mexicanitos” corajudos?

<<Ya, señores, hay que avanzar. Muñoz se va a ir, tarde o temprano, y ellos se van a quedar igual: sin legado real, sin obra personal, sin contribución social.>> Yépez habla de “contribución social” implicando que su postura es un “legado real”(?) Analizando el corpus de sus escritos periodísticos, es evidente que acarrea un complejo de clase que le impide integrar su origen social a su discurso; se declara admirador de Michael Jackson y como su ídolo, pretende pasar de “hombre blanco” evadiendo su pasado bajo luz de la editorial Sudamericana y de Planeta; “iluminado” posa el “aristócrata del mérito”. En este ápice corporativo, justo es preguntarse: ¿Para quién trabaja Yépez? ¿Quién paga su opinión? ¿Cómo se llega a semejantes posiciones de poder editorial, sin asociaciones ideológicas y de intereses?

En México, evidentemente hay una distribución oligárquica de la propiedad de los medios, así que veamos a qué clan pertenece nuestro “libre pensador, paladín de la democracia y de la libre competencia”.
Yépez, semanalmente publica en Milenio S.A., una filial editorial-cultural del consorcio empresarial Grupo Multimedios, S.A.; el conglomerado más grande del noroeste del país, fundado por Don Jesús Dionisio González a principios de 1930; y que aglutina 15 estaciones de radio, cable, entretenimiento, división de alimentos y franquicias como: Pizza Hut Express, Kentucky Fried Chicken, Gorditas Doña Julia, Das Bierhaus, Cablevisión, Ríos de Tinta, contenidos estudiantiles, Fama, el mundo de las estrellas, etc.. Esta es la pirámide corporativa desde donde Yépez se endiosa y pontifica: <<Apertura significa abandonar el verticalismo que practican. Dejar que quienes tienen los saberes tomen las decisiones, en lugar de que las decisiones las tomen ellos, a partir de quién les caiga bien, quién les pide una “chance” o una “oportunidad”.>>

Denisse Dresser, admirablemente nos ha demostrado que “la cancha de juego no es plana”, sino piramidal y diseñada para que “el que no tranza, no avanza”: << Hoy, México está atrapado por una red intrincada de privilegios y vetos empresariales y posiciones dominantes en el mercado que inhiben un terreno nivelado de juego>>. Aun así, Yépez, retóricamente ataca el verticalismo del CONACULTA, cuando él, profesionalmente es parte de a uno de los oligopolios que aquejan la libre competencia intelectual del país, y por antonomacia confirma lo que tantos investigadores y sociólogos han descubierto sobre los medios informativos mexicanos: <<La existencia de monopolios mediáticos en manos de las oligarquías internacionales y locales […] es personificada por el monólogo, el verticalismo, los flujos unidireccionales y por la exclusión de las mayorías>> Mesa de Trabajo Movimientos Sociales y Comunicación Alternativa, UAM, 2007.

Para darnos una idea de la “pluralidad” de Milenio S. A., que nació para competir con Proceso, cito nota publicada el 14 de abril del 2009, en la sección Cubículo Estratégico de Carlos Mota, “el periodista de negocios más globalizado del mundo”, que nos dice: <<Uno de los fantasmas o mitos que más ronda los debates públicos es el de la existencia de monopolios, duopolios u oligopolios, a los que buena parte de la sociedad culpa de la falta de desarrollo en el país.>> Carlos Mota y Heriberto Yépez, “vecinos de piso” en la pirámide editorial, nos hacen creer que -la verticalidad no existe- en Milenio/Grupo Multimedios S. A., y que esta es una empresa “horizontal”, pero sus efectos sociales son otros: <<es un daño para la salud nacional […] que los medios de información en México sean un ‘oligopolio’. No le hace ningún favor al oficio del periodismo mexicano que el flujo de la información pase por unas cuantas manos ni mucho menos a la salud del colectivo nacional.>> -Medios Mexicanos: laborando entre lo oscurito del crepúsculo.

<<Hay que competir, no le saquen>> Yépez, como Carlos Slim, exhorta a “competir”, pero curiosamente no ha respondido a uno sólo de mis artículos críticos. El debate es una forma de competencia, y Yépez, atrincherado en la academia, no se atreve a arriesgar con un opositor intelectual que no tenga -la misma cantidad de libros publicados que él- ya que quedaría evidente que NO es tan articulado como aparenta su simulación literaria, es decir, por miedo al jaque mate público se comporta tan -verticalmente déspota- como Consuelo Sáizar con su silencio ante la famosa carta de Artistas e Intelectuales (TSUMP).

El poder de Yépez se basa en tomar una postura indiferente y evadir el debate con oponentes críticos, a los que no considera de “su mismo nivel” y en acumular libros que sólo sus aliados y promotores citan; en movilizar a su rebaño de seguidores y estudiantes; en disfrazar el Darwinismo social mexicano como “meritocracia” <<Yo concurso. Me gusta ganar […] los mexicanitos les da coraje>>; en generar grillas divisoras y virtuales, pero -a diferencia de su numerito con la Tercera Nación, proyecto desprestigiado por su crítica-, esta vez no ha logrado su objetivo: que Consuelo Sáizar reubique al nuevo director del Cecut. <<Muñoz se va a ir, tarde o temprano>>, dice petulante. Por ello, con su arrogante ardidez y prepotencia, pierde y muestra el cobre de su fragil condición de mexicanito tercermundista en gira por las academias del globo: ¡Me gusta ganar. Viva México, cabrones! Es ridícula su postura, sabemos que el puesto de director del Cecut no se otorga de forma vitalicia, pero es claro que Yepez perdió su “tráfico de influencias e intereses” al momento en que Tere Vicencio y Carmen Cuenca dejan la administración del Cecut. ¿De qué huye cuando escala “montañas”, Yépez? -Tal vez de ser alcanzado por la verdad, de que sólo desea poder o joder.

Heriberto Yépez, hay que debatir, no le saques…

Gerardo Navarro
gerardonemonico@ymail.com

 

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2012, LA APUESTA DEL MILENIO

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