EL SHOCK DEL FUTURO NOS MANDÓ AL YONKE HUMANO


YONKE HUMANO Antonio Vega2009

 

(Conferencia y presentación de la obra Yonke Humano, en Mexicali, Ensenada, Tijuana y Tecate)

 

Estoy aquí para compartirles lo absurdo que es hablar de un libro, que ustedes no han leído y que al igual que una película, se estropea si les cuento la historia. Así que les contaré la historia que tejió el libro.

¿Cómo hablar apasionadamente y cómo encajar en mi trayectoria como mentalista, el hecho de haber ganado un concurso estatal, con una obra de teatro que escribí hace once años? ¿Cómo encontrar una línea entre estos dos tiempos? ¿Entre estas dos pasiones?

En 1999, después de haber publicado tres textos en las antologías de Teatro Norte, que edita el Dr. Hugo Salcedo; decidí escribir una pieza con 11 personajes, sin spanglish ni modismos, que era mi “estilo” y que perfila lo que es el teatro de frontera.

En los noventas, ya se veía venir la destrucción y la violencia generada por la colusión entre narcos, instituciones y sociedad. Ese año hubo más de 500 muertos entre Tijuana y Sinaloa. Intuí que el estilo de la novela negra y el cine negro eran formas idóneas para abordar el tema del narcotráfico y la narcocultura en Tijuana.

Yonke Humano no es una historia de narcos, es el preambulo a la situación actual. Es mi descenso literario por la espiral que conduce al infierno de Dante. Se me dio en forma de thriller psicológico que no publiqué, porque me resultaba imposible dar a luz semejante visión de la condición humana, sin tener una alternativa filosófica.

Algunos lectores a la fecha de la publicación consideran este texto “profético”, porque anticipa el futuro para moldearlo mediante el ritual dramático. Uno puede predecir utilizando métodos lógicos, porque el futuro no es azaroso, sino probabilístico, igualmente, el sueño tiene pistas del futuro, porque tiene la función biológica de re-ordenar las impresionas vividas en memorias y el futuro es una consecuencia del pasado.

Contrario a la función del espectáculo comercial que evade o musicaliza la realidad, mi concepción dramática es terapeutica. Visión catártica a fin con la terapia de crisis, que nos indica que el camino de la recuperación inicia a partir de ver lo que no deseamos de nuestra propia realidad.

Yonke Humano nace al límite de mis recuerdos de donde tomé personajes y eventos de la vida real para encajarlos en situaciones ficticias. En el proceso reconfiguré mi pasado y mis memorias se liberaron de su carga emocional.

Gracias a mi padre que es librero, tuve la oportunidad no sólo de la lectura, sino de trabajar en diversas áreas de la ciudad, históricamente delimitadas por clases sociales.

Una de estas zonas, se ubica en el primer cuadro de la ciudad de Tijuana; las dos manzanas que ocupan la Avenida Revolución, Madero, Negrete, 3era y 4ta, la famosa <<la negrote y miadero>>.

En retrospectiva, la zona me recuerda una de esas películas de la mafia que inician en la pubertad o la adolescencia compartida en un barrio de Nueva York o Chicago, pero fue en Tijuana, con el soundtrack de Herb Alpert, Van Macoy, la voz de Barry White, música de marimba y de toros.

En este microcosmos vi la vida de las prostitutas, turistas, vendedores, ladrones, policías, periodistas, pordioseros, adictos, jugadores, tatuadores, magos y mafiosos. La vi de primera mano desde los siete años, atendiendo el negocio de mi padre entre los extremos crispados de los bajos barrios, la interrogancia ante el misterio que une las pasiones y el crimen, el deseo prematuro de la vida nocturna, la transexualidad, la comedia, el chisme, el estigma y la policía; una mezcla heterogénea de placer, dolor, transgresión y autoridad, en la que muchos consideran la mejor época de Tijuana: los 70s.

En Yonke Humano, doy juego a 11 personajes en escenarios iconográficamente fronterizos: la canalización, el cine porno, el hotel de paso, la comandancia, el departamento de soltero, y la clínica clandestina.

La brevedad del texto busca dar un mayor espacio-tiempo a la introspección actoral y a la atmósfera escénica, cuyo tiempo se relentiza en una borrachera de calor. Yonke Humano se desarrolla en los blues del verano; cuando los efectos desgastantes de la vida nocturna y policiaca son más palpables en los rostros. Esta es una historia de suspenso psicológico del delirio producido por la canícula, “el verano indio” que disuelve la conciencia en el sopor de la existencia; los perímetros de la condición humana al borde de la desesperanza y el suicidio civil: el sacrificio de nuestras relaciones, el estado fallido y la anomia.

Sudorosamente decadente y con una tristeza atmosférica, lo claustrofóbico de la ciudad sin aparente salida se hace evidente ante la esperanza que está más allá de los muros de olvido que contiene a estos personajes que no duermen, solo despiertan día a día a la misma pesadilla que se cierra gradualmente sobre sus vidas; donde el libre albedrío es mínimo y a veces reducido a una venganza en la trampa del crimen y las leyes.

En esta atmósfera sofocante y sórdida, se llega a momentos de ternura, pero no es la salvación de los personajes, sobrevivientes en una red de engaños donde más vale saber “qué es lo que no se sabe”, que no saber lo que se desconoce, puesto que <<uno nunca sabe, en la pesadilla de quien vive>>.

La estructura y la concatenación del tiempo en esta obra, son una sucesión que salta del presente al pasado, del futuro al presente. Utilicé esta técnica para romper la ilusión de que el tiempo es lineal. Experimenté cronológicamente, pensando en el filme La Jette de Chris Marker, y en su versión hollywoodense Los Doce Monos, de Terry Gillian. Buscaba el efecto de un tiempo circular haciendo eco a la teoría de Kurt Godell, sobre el universo en rotación <<Si viajas lo suficiente al futuro, regresarás por el pasado, justo antes de haber partido.>>.

Yonke Humano, inicia con un mensaje telefónico que se deja así mismo el protagonista, Akiro Montana y que al final, lo escucha de nuevo como si se hablara así mismo. El significado del mensaje fuera de contexto cambia como los recuerdos que no son exactamente igual cada vez que los recordamos. Y en un acto de injusticia kafkiana, sus propias palabras traicionan a Akiro. Al igual que en la novela La extraña vida de Iván Osokin de Ouspeski (1915), que inicia con la visita a un mago que le predice a Ivan, que si vuelve a comenzar, volverá a repetir su vida siendo incapáz de cambiarla. Al final de la novela, Iván regresa con el mago sin recordar lo sucedido. El olvido es clave, Iván perdió la cuenta de su vida, pero <<no es tanto la pérdida, como la perdida>>. Así que busqué dar una explicación psicológica y social, en vez de metafísica, a este bucle de tiempo, circularidad de nuestros actos, vicios, obsesiones, compulsiones, manías, fobias, filias y fijaciones.

Este es un texto “demasiado humano” en el sentido nietzscheano, porque al escribirlo estaba interesado por la “genealogía” de las pasiones, las emociones, la locura y el final de la obra quedó marcado por la pérdida de la esperanza en el humanismo clásico y la llegada del loco: el absurdo crítico y visionario heredado de Artaud, Genet, Borroughs, Sartre, Camus, Fanon, Mailer, Pinter, Miller, Morrison, Jodorowski.

La idea del “yonke” como título, viene de otra zona donde viví y sigo viviendo: La Mesa de Tijuana, donde abundan los deshuesaderos de carros, las segundas, los bares, una cultura del reciclaje, del carro deshuesado, un espectáculo de alambres colgantes, fierros torcidos, llantas polvosas, vísceras mecánicas de formas, tamaños y combinaciones bizarras y grotescas. Y en medio, la condición humana como una pedacería de accidentes y choques de relaciones descarriladas, aventuras aplastadas por la gravedad de la vida diaria; el cuerpo sin órganos al que intentamos dar nombre, vida, identidad, género.

La textualidad de la obra encaja como la membrana tejida entre estos pedazos de sueños y vidas inconclusas. Aspiré superar el humanismo incapaz de dramatizar la “posthumanidad” y obstinado a dramatizar ideas y conceptos, se me escapaba en ese tiempo de performance y spoken word, que el drama sólo existe en la dimensión humana, y que el posthumanismo significa alcanzar los límites de la inteligencia, actulizando las idealizadas imágenes que nos llegan del Renacimiento.

Con la intención de continuar cuestionando si podemos trascender nuestro pasado; si todo está predeterminado o si existe el libre albedrío en la libertad a crédito; como dice el dramaturgo David Mamet, me obsesioné por conocer y aprender los trucos y trampas del engaño; yéndome por dos años a estudiar y practicar magia a diversas sociedades de ilusionismo españolas. Esta aventura, me permitió ver mi condición en el yonke humano. Comprender que el “yonke” es nuestra cultura y el país nuestro deshuesadero, donde tienes que pelearte con los “perros” para que no se lleven tus huesos a las mazmorras de tortura o a las tambos de acido de un “narco-pozolero”, en medio de los cinturones de la pobreza, para confirmar lo dicho por el periodista Jesús Blancornelas <<La corrupción es la madre del narcotráfico>>, y yo agregaría, y de la decadencia de nuestra cultura.

El yonke humano no se borra con la ficción mediática ni con el tiempo, es cuestión de recordar que el fiscal general de México, Arturo Chávez Chávez, fue quién acuñó la frase <<las violan y las matan por prostitutas>>, refiriendose a las muertas de Juárez. Paradójicamente, hasta el momento ningún traficante de humanos ha sido sentenciado por la ley contra la trata de personas aprobada a finales del 2007; pero el New York Times anunció que el presidente Felipe Calderón apoya al cártel del Chapo Guzmán, algo que quedó demostrado con el asesinato de Mario Guajardo Várela, candidato de su partido Acción Nacional a una alcaldía en Tamaulipas, la rápida liberación de Griselda López Pérez esposa del capo; y, sobre todo, por la desaparición del ex candidato presidencial panista Diego Fernández de Cevallos.

Alejandro Jodorowski, dice: <<el único [arte] que me interesa, es el que sana>>. Yo me pregunté, ¿Qué se puede hacer con el asombro y que sirva para sanar? ¿Qué significa sanar en tiempos de yonke humano? ¿Se puede sanar a un “muerto-viviente”?

Una sociedad es un organismo, nace, crece, madura y muere. Pero el cáncer social se propaga precisamente porque no deseamos reconocer, ya sea por nostalgia, impotencia, ignorancia o miedo, que hay órganos muertos y al mantenerlos como parte de la sociedad, nos estamos auto-envenenando.

La necrosis social es un estado producido por un traumatismo -una serie de crisis no resueltas-, y sobrepasa las capacidades de adaptación civil y de respuesta institucional. Se produce por una serie de acontecimientos sociales, culturales y económicos que generan cambios psicológicos en el individuo que “decide” su propia muerte psicológica y en casos extremos física. “Seguir siendo humano en estas condiciones es inhumano”, nos dice el filósofo Horst Mathai.


Es sólo cuestión de examinar la escalada de suicidios cometidos en los últimos dos años en México, tantos que las tasas “normales”, representadas por personas mayores de 50 años, se han volteado a ser representados por jóvenes entre 15 y 30 años.

Este es un indicio que México, no solo es un estado fallido, sino que ha entrado en la anomia que significa sin norma, y se llega a este estado cuando las instituciones no pueden cumplir las aspiraciones culturales y sociales de los ciudadanos o se imposibilita el acceso a los medios para realizarlas, produciendo la desesperanza social.

En este momento en que Tijuana está sumergia en el caso social y la desesperanza por el narcotráfico y la crisis sale a relucir una campaña encabezada por el slogan “Tijuana en positivo” y “El futuro es hoy”.

El 9 de septiembre del 2009, en Madrid, el subsecretario de Educación Básica, Fernando González dijo que la reforma educativa busca educar <<para ser persona, feliz y estable>>, y al parecer esto se logra oficialmente cercenando la parte “dolorosa” de la historia mexicana como la conquista, la colonia y el movimiento de independencia. La evasión de lo “duro” y “difícil” de la realidad, recrudece cualquier crisis. Según Fernando Savater, “El exceso de impulos positivo lleva al mesianismo, al fundamentalismo, y este es un impulso negativo”, porque la crisis social no resuelta, da a luz al fascismo, que según Benito Mussolini, es cuando el proyecto de nación pasa a ser los intereses privados de la plutocracia. En pocas palabras, el caos social tiene coherencia científica: Crea caos, ofrece soluciones y cobra caro por ellas. La economía postindustrial sobrevive del caos y la guerra. Perpetuar la guerra contra el narcotráfico en México, beneficia la economía norteamericana representada por la industria del armamento, los bancos, los intermediarios, los negociadores, la burocracia ejecutiva y los agricultores de marihuana que ocupan el primer lugar mundial.

No creo en modelos “positivos”, porque la salud mental no significa ser “bueno” y “bonito”, sino completo. Individuo significa “no dividido” y la individualidad se logra con la integración de la “sombra”, del lado oscuro del corazón, de la personalidad, de la historia personal y colectiva. ¿Dónde queda “la belleza del accidente automovilístico” de JG Ballard?

No creo en personajes “positivos” ni en “modelos a imitar”, ¿Cuántas personalidades “respetables”, “ejemplares”, “pilares sociales”, no han caído en el narcotráfico? -Narcojuniors, reinas de belleza, obispos, banqueros, militares, licenciados, jueces, deportistas, periodistas, políticos, empresarios, etc.. <<La literatura es como la realidad pasa>>, nos dice Margarite Yorcenar, y evadir la realidad en este momento histórico, a diferencia del Modernismo del siglo XIX, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático; significa hacer una literatura light, masturbatoria o impotente, porque la civilización del espectáculo ha hecho de la rebeldía romántica una “moda”. La pose del poeta maldito y su filosofía del desorden de lo sentidos, en la sociedad de <<No hay nada más allá de has lo que quieras>>, ha perdido toda su potencia subversiva. Es decir, en el campo de exterminio, el suicidio pierde su gesto poético.

Particularmente en Tijuana, la realidad supera a la ficción, pero la “cultura oficial” marginaliza a los artistas y escritores que hablan de la realidad profunda, que no significa “realismo social”. Es decir, siguiendo el modelo “optimista y positivo”; Victor Hugo no habría escrito “Los Miserables” ni Goya hubiera pintado “Los Caprichos” ni Norman Mailer hubiera escrito “Ejércitos de la noche” ni Joseph Conrand, “El corazón de las tinieblas”.

Es herencia del humanismo renacentista, crear imágenes idealizadas en las que lo chusco, lo grotesco, lo demasiado humano y deforme no tienen cabida. La publicidad mexicana en gran medida se basa en la idea del “aspiracional”; el marketing de un mundo idealizado en el que no caben indígenas, pobres, dolor, tristeza y vejéz. La tensión y la ansiedad generada por este desface entre la pobreza masiva y la exclusiva “high life” de la “gente bonita”, genera tal ansiedad y frustración, que se le vincula como catalizador a la epidemia del crímen, violencia y racismo.

Yonke humano” pertenece al mundo de los perdedores, las trampas, el engaño y la desilusión en un mundo amañado por estafadores de cuello blanco y nepotistas de alcurnia. Estos personajes, tienen vidas, mentes, memorias y corazones “rotos”, y están atrapados entre las consecuencias de sus actos y el recuerdo de un mañana que ya sucedió: El fin del humanismo que no logra ver un horizonte compartido, porque está ensimismado en lo “demasiado humano” de Nietzsche. Y que sin embargo nos permite ver la desnudes de los humanos y de nuestro tiempo.

En una sociedad desordenada como la nuestra, no puede haber libertad ya que depende del orden de los valores. La naturaleza de la realidad social es la de un espejismo que retrocede y se desvanece al intentar alcanzarlo. Al escapar de una prisión, inmediatamente encontramos otra mayor que nos acecha con simulaciones, estafas publicitarias, chantajes filanatrópico, políticos y empresariales. La evasión y la distracción son instrumentos políticos. El control mental es real, pero, ¿qué tan real es las creencias en tu mente?

A diferencia de otros autores que hablan del fin del humanismo con desaliento, pienso que la esperanza yace atravesando la representación y la simulación humanista con el ejercicio de la voluntad hacia la vitalidad. La decadencia humana es inevitable. El desorden de los valores y su falta de respuesta ante los cambio científicos y tecnológicos, conlleva la esclavitud psíquica. La esperanza está más allá del humanismo antropocentrico y teocentrico desfasado de la civilización del espectáculo, y funciona como propaganda y confirmación de la libertad de consumo a crédito.

El humanismo ha muerto, porque vivimos en una socidad que nutre las pasiones y los deseos humanos para “progresar”, y cuya consecuencia es catastrófica por contaminación y agotamiento de recursos planetarios. Pero la nueva ciencia nos lleva a la aceptación de que somos una máquina biológica cuya conciencia de su condición, límites y posibilidades de transformación son cada vez más reales por manipulables. Si, somos moldeables y auto-reprogramables. Somos el único animal que puede imaginar a seres con capacidades muy superiores a las humanas, pero la fe es un atributo que genéticamente, yo no recibí.

Esto lo he podido entender más claramente con la práctica del mentalismo y la investigación que sustenta a mi personaje Nemónico.

No hay método seguro en el juego de la vida ni en la vida del juego y paradójicamente, la apatía es el resultado de la adicción a la comodidad, pero como dice el Jocker, <<la única moralidad en un mundo cruel, es el azar>>. Es demasiado tarde para ser pesimista. Las ideas: <<El futuro nos inspira a realizarlo>>, <<El cerebro no viene con instrucciones>>, <<el cerebro está diseñado para predecir>> y <<Tenemos el deseo de ser más que humanos>>, son frases de mi personaje Nemónico, mi alter ego, y formulan una respuesta transhumanista, una década después a la visión distópica que yo mismo plasmé en el Yonke Humano. No puede haber futuro con amnesia histórica. No puede haber curación negando la integridad de la realidad y de nuestra responsabilidad.

¿Se podrán soñar milagros futuros, ignorando realidades presentes? ¿Crear un mejor futuro en bases rotas? ¿Cuáles son las consecuencias imperceptibles de avanzar tecnológicamente, sin auto-conocernos? Como diría Nietzche “La civilización trae consigo el ocaso de una raza”.

A mayor entropía, menor vida, ¿cómo alcanzar el balance? ¿Siendo más humano que humano o más que un simple humano? ¿Solamente estando loco, se puede vivir en el Yonke Humano o la consecuencia de vivir en él, es la locura que pasa por normalidad como expiar las culpas mediante actos de caridad o una sobrevivencia a base de aguantar la devastación?

¿Qué respuesta nos da un “loco” que camina con su humanidad al aire? ¿Acaso está aburrido de la vida? ¿Acaso evade la realidad o se queja de la condición humana?

Cierra los ojos e imagínate al loco con un libro de por medio que le quita este peso de encima. La “normalidad” como norma humana, no existe y la locura cuando es arte, verdaderamente cura.

Gracias.

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2012, LA APUESTA DEL MILENIO

 

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