INTERVENCIONES BICENTENARIAS,“…nacer el ser” de Roberto Romero-Molina.


En el arte conceptual, puesto que hay un mínimo de que ver y sentir, el objetivo debería ser alcanzar un máximo de que pensar. -G. N.

El arte conceptual es un movimiento artístico que a diferencia del resto de las artes visuales, no se basa en estimular los sentidos y al igual que la radio, se construye en el teatro mental del escucha / espectador. En otras palabras, sin la “idea” como punto central, prácticamente “no hay mucho” que ver.

Desde hace varios años he seguido la evolución profesional del artista conceptual, Roberto Romero-Molina. Estuve en la presentación de su trabajo en Estación Tijuana y visité su exhibición, Amphora: Un índice de posibilidades, en la Sala de Arte de la UABC, allá por el 2008.

Cuando recibí la invitación vía electrónica para su más reciente proyecto, Intervenciones Bicentenarias, tuve una sincera curiosidad por estar presente en la develación de la primera de las cinco piezas que componen su propuesta que aborda el tema del bicentenario/centenario de la Independencia y de la Revolución mexicana. Estas fue mi respuesta a la invitación en Facebook:

“Muy buena onda, por fin salió el valiente que se lanza a tomar el tema oficial, pero conociendo tu mente imagino que nos sorprenderás y harás reflexionar en pos de esta “conmemoración” que pocos realmente deseamos conmemorar… ahí nos vemos. Saludos.”

Cabe mencionar que Roberto Romero-Molina es esposo de Patricia Blake representante del departamento de Fomento a la Lectura del Instituto de Cultura de Baja California; es ganador del Fondo Editorial de Baja California (2010), del mismo instituto; además de ser uno de los artistas-activistas que hace un año se levantaron en contra del nuevo director del Centro Cultural Tijuana, Virgilio Muñoz; siendo miembro del colectivo editorial de Contraluz, órgano informativo de Todos somos un mundo pequeño.

Mis expectativas estaban altas, así que llegué temprano para no perderme ningún detalle de esta inauguración en el Instituto de Cultura de Baja California, Tijuana.

Entre las distinguidas personalidades congregadas estuvieron el pintor y maestro Roberto Rosique, la maestra y poeta Claudia Algara, el pintor Jaime Ruiz Otis, el serigrafista Alejandro Zacarías, el maestro de teatro Daniel Serrano, el director de la Escuela de Artes de la UABC, Sergio Rommel, y el director del ICBC del Estado, Ángel Norzagaray. Con la presencia de todas estas personalidades, mi expectativa se elevó varios grados más.

Nos fuimos congregando en el patio de la entrada principal del instituto. La pieza de Romero-Molina, se ubicó en el pilar central de las escaleras encapsuladas por la vitrina del mismo edificio. La pieza estaba cubierta con una cortina negra y entre el público, durante la espera escuché varias bromas al respecto; “¿Dónde está la obra”, preguntó uno de los presentes, “Esa es…”, contestó otro, señalando la cortina negra, hubo risitas contenidas.

Por fin se inició la ceremonia. Se leyó un texto académico de una antropóloga cuyo pedigrí se rumoraba más que su nombre, “Es argentina nacida en Francia y vive en Tijuana…”. Al no presentarse esta, la poeta Claudia Algara hizo lectura del texto; una apología posmoderna saturada de conceptos a la Derrida, Deleuze y demás “sal y pimienta” de la escuela deconstructivista, sin aportar nada nuevo al desgastado discurso de InSite, mismo con el que se pretendió en años pasados revitalizar el arte fronterizo.

Aquí ya comencé a sospechar del calibre de la sorpresa. Particularmente cuando se insistió que Romero-Molina abandonaba el discurso fronterizo por “provinciano” o digamos que por no ser ya redituable. Como todos ya deberían saber, el tema de “La frontera” en el mundo del arte, después de tanta híper-inflación / deflación, ha quedado devaluado y desacreditado por las múltiples estafas perpetuadas por galeros, artistas, curadores y promotores.

Posteriormente llegó el turno al micrófono a Sergio Rommel, director de la Escuela de Artes de la UABC, que con mucho entusiasmo insistió en convencernos, de que según uno de los historiadores que su misma institución regentea en los ciclos de conferencias sobre el bicentenario, Baja California está a “la vanguardia” en lo que respecta a la reflexión crítica, claro, sin aportar ninguna reflexión crítica de su cosecha ni explicar críticamente el por qué, ni dar nombres.

Aquí ya mis sospechas confirmaron que estábamos ante otra simulación institucional. No obstante quedaba “el gran misterio” bajo la cortina negra por develar. Así que apelé a la sensibilidad del arte que siempre supera la austeridad de los discursos y me compuse de mi impaciencia.

Llegó el turno al director estatal del ICBC, Ángel Norzagaray, que con claridad y lucidez simpática comentó sobre lo iconográfico de los bigotes de Zapata y de la pelona de Hidalgo.

El frío y la expectativa ya comenzaban a calar. Norzagaray sentó el acta al reloj y pidió que la obra de arte fuera develada. Los ojos de los congregados se enfocaron en la vitrina de las escaleras del edificio -esperando ser sorprendidos- después de tanta insistencia sobre la naturaleza crítica de la obra de Romero-Molina.

Cayó la cortina negra, todos quedaron en silencio… Al parecer, el silencio fue más significativo que la obra de arte, que mediante discursos se nos prometía profundidad reflexiva y crítica. Pero si el silencio hablara -les aseguro-, diría más que “la sorpresa”.

La pieza o lo que se alcanzaba a ver de ella desde el patio (ver foto anexa), fueron unas lucecitas sobre un panel oscuro. Alguien entre el público comentó en voz baja a su compañero, “Mi arbolito de navidad estaba mejor…”. Inmediatamente y como producto de la gran decepción, los congregados dejaron de mirar la obra y se voltearon a conversar con sus respectivos grupos, acercándose a la mesa del ambigú y las libaciones.

Al cruzar la mirada con otro de los congregados, este me expresó al oído, “El verdadero significado de la obra es el silencio -no dicen nada-. Mira como aguantan vara, cuando les están dando por…”.

En los diez minutos posteriores, nadie tuvo la curiosidad ni la voluntad de subir las escaleras para ir a leer de cerca de qué trataba la pieza, no los culpo, no había mucho que motivara a realizarce el esfuerzo, es arte conceptual… No obstante, con el afán de alcanzar la objetividad subí y me acerqué y alcancé a percatarme de que era un fragmento del texto constitucional, en letras oscuras sobre un fondo igualmente oscuro y que “las lucecitas”, resaltaban algunas de las letras que a su vez formaban una frase.

En los discursos de presentación se insistió en que había un “pensamiento crítico” escondido en el texto constitucional a manera de “sopa de letras”, y al acercarme y leer el texto, descubrí la profundidad crítica de Romero-Molina, esta fue su misteriosa frase: “la acción en el presente puede nacer el ser”.

Atónito re-leí varias veces la frase, cerciorándome de que mi lectura y comprensión eran correctas; de que no estaba mordiendo la sintaxis y confundido me pregunté como Hamlet, ¿Nacer el ser o ser el nacer? ¿Re-nacer o rana-ser? ¿Acaso al nacer no se es ya o será que se puede ser sin nacer? La ambigüedad filosófica de la frase rebasó mi razón crítica. Tomé nota y partí.

El test post-revolucionario.

Ya no me cabe duda que la pieza de Romero-Molina, funcionó como un test psicológico para medir el grado de sometimiento a la insignificancia y la tiranía de la simulación total, conocida en psicología como: Simulación de roles. Y ¿qué significa esto? ¿qué tiene que ver con el arte? -Permítanme explicarles:

El arte conceptual a estas alturas de la historia, es un concepto más. Ya ni siquiera es necesaria “la idea”, con nombrar “la etiqueta”, al parecer le es suficiente a este nuevo representante del meta-meta-arte conceptual posfronterizo; que a base de simuladores jugando roles, se pretende que hay arte, donde sólo hay un vacío.

Y como en el famoso cuento de Hans Christian Andersen, “El traje nuevo del emperador” (1837), al que sastres estafadores aprovechándose de la vanidad del emperador, lo engañan con telas “invisibles” que el resto de la corte -por miedo a perder la cabeza- igualmente simulan “ver”; así podemos resumir la reflexión crítica de 200 años de luchas independentistas y revolucionarias en México.

Esta vez -la verdadera hazaña de Roberto Romero-Molina- es la de un vendedor cuya labia le permite vender aire de Nueva York, embotellado…

Si el propósito de Roberto hubiera sido hacer énfasis en el síndrome de la híper-simulación en la que el mapa ha sustituido al territorio, y los discursos y roles al arte, la pieza sería perfecta. Pero, si Pancho Villa volviera a vivir -por querer verle la cara- seguramente lo mandaría al paredón…

 

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2012, LA APUESTA DEL MILENIO

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