LA CUENTA NEGATIVA VS. TIJUANA EN POSITIVO, estado de sitio publicitario y abstencionismo electoral


El Partido Acción Nacional ha desatado en Tijuana a sus hueste como un acto de proselitismo publicitario que no tiene como objetivo “ganar” las elecciones, sino tapar lo obvio, la contienda electoral está pactada y comprada, pero se debe simular políticamente para envestir al poder de facto y del mercado de “dignidad ciudadana”.

La campaña electoral para la presidencia municipal de Tijuana, demuestra de forma obscena y cínica, la desigualdad material entre partidos. No hay competencia real cuando el concurso se basa en propaganda y demostración de poder de compra de plataformas y espacios públicos para publicidad, y no en la propuesta política, económica, cultural, la trayectoria y representatividad de los candidatos.

En estas elecciones, el PRI decidió jugarla de “sparring” y el PRD, sin recursos para perfilarse públicamente, virtualmente es invisible. Al parecer, estos partidos han sido opacados e intimidados a esconder su penuria material y desimanado poder de convocatoria; en un –miedo ambiente– en el que la campaña es un espectáculo que simula poder político, cuando en realidad es poder económico disfrazado mediante el monopolio publicitario de un partido que opera como corporación y cuya base no se sustenta en el trabajo comunitario, sino en el poder adquisitivo.

Los capitanes de las relaciones públicas del Partido Acción Nacional utilizan las redes sociales como Facebook, para crear la ilusión de “comunidad”, iniciando discusiones ficticias sobre “la cooperación”, “la caridad”, “la actitud positiva”; haciendo “trabajo social” en centros nocturnos visitados por jóvenes y que se limita a encuestas sobre la imagen de Tijuana. Pero, la virtualidad de las redes ciudadanas demuestra que este poder es simulado y cumple otras funciones; es cuestión de leer las conversaciones y las frases en los muros virtuales y se descubrirá el desfase entre la imagen, la propaganda y la realidad de la ciudad.

Paralelamente, el uso de la comunidad artística como parte de la campaña política por agentes infiltrados como “promotores”, que organizan reuniones que antes fueron bohemias, abiertas e inclusivas, y que hoy se transforman en grupos de apoyo partidista, “redes ciudadanas” exclusivas para la gente bonita de la high life, del diseño y del mundo de la publicidad.

Estas estrategias publicitarias se les conoce como “marketing encubierto”, una forma intrusiva en la vida pública/privada, que ha terminado politizando las relaciones, apoyos institucionales y gremiales, creando un ambiente que promueve una cultura partidista que usa al arte y a la literatura como emplaste “humanista”, acrecentando la división de la comunidad artística de Tijuana por competencia y militancia politica.

Estos grupos de interés, formados por promotores culturales y artistas, esperan “su parte” de los políticos que lleguen al poder, sin importarles las consecuencias de sus decisiones que aparentemente son “inteligentes”, en base a los apoyos que esperan recibir, pero que para el futuro garantizan la perpetuidad de las causas de la “catástrofe” –la crisis y la inseguridad en la ciudad–, confirmando el viejo refrán, “el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”.

En una ciudad tapizada de imágenes de un partido que ha comprado los espacios públicos, la ciudadanía se rinde al monopolio publicitario de vallas, espectaculares, flashmobs en cruceros, spots publicitarios y llamadas telefónicas de teleoperadoras; creando una sensación de imposición por saturación y haciendo eco a la filosofía hitleriana de guerra y propaganda que en este caso, intenta ganar las elecciones en las mentes de los ciudadanos, antes de que estos acudan a las urnas.

Ante una campaña que se está volviendo una profecía auto-realizada, ¿por qué votar? Vivimos en un estado fallido en el que el gobierno ha perdido el monopolio del control del territorio al grado de tener que pactar con los cárteles para “pacificar” y crear una burbuja de seguridad pre-electoral, y que igualmente detrás de la propaganda del Bicentenario/Centenario se vislumbra estados muy avanzados de anomia y descomposición institucional.

La sociedad civil, desesperada y hastiada, no sabe qué hacer más allá de la fe en lo inevitable o jugar la parte de víctima en esperanza de que sus depredadores le permitan consumir un poco mas de “la chispa de la vida”.

Hemos elegido el fracaso del proyecto nacional y la catástrofe es evidente; somos arrastrados a una nueva Era de oscurantismo, explotación arancelaria, monopolios mercantiles y políticos. Pero, igualmente, esta es otra oportunidad para comprender que dentro del juego electoral, no hay competencia real, es una simulación. Y la única alternativa verdadera que tiene la ciudadanía, ante el estado de sitio publicitario y el fanatismo partidario, es la abstención –no votar–, porque votar por cualquier candidato es caer en la estafa de un juego amañado.

La función del IFE no es sólo la de contar votos, sino promover el voto creando y justificando la obligación de votar, y así mantener a la ciudadana rehén del juego electoral.

En un país en que las elecciones sólo sirven para sostener una parodia democrática –justificación de la plutocracia–, el derecho al voto se ha vuelto una forma de secuestro en la presunta transparencia, legalidad popular y la propaganda “joven” del IFE; “Es tu derecho”, “Una rola por la democracia”, “Sé ciudadano, haz tuya la democracia”.

Pero, los candidatos necesitan votos –no para ganar– sino para legitimarse ante la opinión pública y la comunidad internacional. La legitimidad política no puede ser virtual ni simulada ni comprada. ¿De qué sirve un debate? ¿De qué sirve el voto ? Si el éxito del Partido Acción Nacional depende de simpatizantes o mejor dicho de “empleados pagados”?

Ante estas condiciones extremas y desesperantes, tan sólo nos queda una acción política real y legitima –la cuenta negativa–, el absentismo electoral masivo con el objetivo de que el “triunfo” electoral sea estadísticamente vacío. Y ¿qué significado tiene este vacío? -Cuando un gobierno pierde su base social, se le complica justificar su persistencia en el poder y queda desnuda su impostura.

Restarle legitimidad al gobierno que usa a los ciudadanos como rehenes; acelera y acrecienta la caída del estado fallido y contrario a la opinión de que este colapso sería un retorno al caos; es solo cuestión de observar el presente caos urbano, la inseguridad, la apatía ciudadana y descubriremos que –el miedo ambiente– posee coherencia científica, porque la devastación produce oportunidades que benefician a los monopolios del mercado libre, del mercado negro, de la ilegalidad institucional y de la corrupción judicial: La política es un negocio, la economía una pistola, la crisis el detonador, el caos, la justificación.

El ambiente de pánico, hastío y el gran sentido de orfandad política que vivimos, es –un vacío artificial– creado con artesanía maquiavélica, shock psicopolítico y propaganda multimediática que se traduce en desesperanza e impotencia. Y como la víctima de un depredador, la civilidad mexicana ha creado una co-dependiente de su opresor al grado de llegar a admirarlo por “chingón”. Acto condicionante que proyecta el mensaje subliminal de que el candidato del PAN, no tendrá resistencia por parte de sus contrincantes políticos y por lo tanto el elector “debe votar por el ganador”, perpetuando así el ciclo de la profecía auto-realizada.

La política es una actividad directamente relacionada con la polis, la ciudad. Pero en la posmodernidad, la ciudad ha sido transformada en un escaparate publicitario y con ello la definición misma de hacer política, ha cambiado. En el acto, los ciudadanos han perdido su condición civil, y se han reducido exclusivamente a consumidores, pero aun así, les queda su poder de consumo.

La cuenta negativa resta legitimidad política a la simulación electoral, ¿qué significa esto? Si no compras, por más publicidad que se haga, el objetivo mercantil no se logra. El éxito real de un producto no es la publicidad, sino la venta en el mercado. Si no votas, por más propaganda, el político pierde su legitimidad. Pero esta acción sólo funciona de manera masiva, consciente, y en relación a la opinión pública y a la comunidad internacional.

Es irracional creer que hay esperanza política perpetuando la misma fórmula. Es la misma situación del apostador empedernido que ignora las probabilidades del juego, apelando a la suerte de sus amuletos. Los ocasionales ganadores en los casinos o de las loterías, sirven para perpetuar el mito de “pegarle al grande” y son suficientes, a pesar de ser tan pocos, como para que las creencias y la fe de los jugadores, opaquen las probabilidades matemáticas que definen al juego de azar.

Si crees en la democracia, pero no crees en ningún partido o candidato. Si en las próximas elecciones no deseas sentirte estafado una vez más. Si quieres probar una nueva alternativa hacia el futuro. Es tiempo de conceptualizar más allá del paradigma político neoliberal, de la irracionalidad del cambio usando la misma fórmula con diferente color.

No votar es una forma de elección –elige no elegir–, porque las opciones dispuestas por los partidos son parte del “casino” que maneja el IFE. Y la aparente “culpa por renunciar” al derecho al voto, en este momento y lugar, es un chantaje disfrazado de racionalismo político.

Cuando el juego electoral está cerrado o amañado, la cuenta negativa es un acto patriótico. No votar –bajo las condiciones presentes– no es irresponsabilidad o nihilismo, al contrario, el abstencionismo consciente de lo que significa la cuenta negativa, hace evidente en los hechos y en los documentos, la estafa electoral.

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