RESISTO POR LO TANTO EXISTO: CONTRA LA POSMODERNIDAD.


Es curioso escuchar opiniones y conocer politicas editoriales, academicas, comerciales y financieras, que aprovechan la diversidad y pluralidad que ofrece la frontera. Igual, es constante la crítica y auto-crítica de que la ciudad de Tijuana no posee un tradición, puesto que predomina culturalmente la fragmentación, el olvido, el pastiche y el kitsch; condición que se presta para justificar y representar la propuesta posmodernista; la cartografía heterogenea y horizontal en la que no existe una historicidad de los hechos en el sentido lineal y total, sino simultaneidades  caleidoscópicas. Este concepto se apoya en la supuesta “muerte de la historia” que proclamó Fukuyama a finales de los 80s con el colapso de la Unión Sovietica ante el neoliberalismo, y que justifica las acciones neocoloniales bajo el camuflaje del mercado libre y el progreso para los incautamente endeudados. Pero, las consecuencias de la deconstrucción y fragmentación histórica del posmodernismo, inciden en que la sociedad pierda cohesión y se disuelva paulatinamente en el caos de las balkanizaciones multi-todo que posteriormente, la globalización homogeniza y galvaniza mediante la ingeniería social de la amnesia histórica y el shock psicosocial, como si la cultura fuera un producto transgénico o de diseñador y la codicia legalizada, una inconveniente e incómoda realidad humana que supuestamente nada tiene que ver con el sistema bancario y la bolsa de valores… Es prioritario reconocer que sin historia, es decir, sin memoria colectiva se pierde el sentido de la vida pública. Y para recuperar el sentido de identidad y de pertenencia, se requiere que a partir de la síntesis y el reconocimiento de las serialidades persistentes, se sostenga la posibilidad de fusión de una noción histórica que responda a la necesidad de explicarse la identidad y el devenir del Ser fronterizo: lo que fue, lo que es y lo que será a partir de la voluntad y la decisión. La historia universal existe, porque hay eventos como los atentados terroristas de las torres gemelas y el colapso del dólar, que no dejan a nadie sin su porción de consecuencias. La estructura social no determina completamente al  sujeto como lo asumen los posestructuralistas y los posmodernistas, pero si como lo dicta Jean Paul Sartre, “el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. El supuesto “fin de la historia” fue fundamental para perpetuar la burbuja financiera que reventó en el peor fraude de todos los tiempo: la pirámide de Ponzi del sistema internacional monetario. Por ello, sobrevivir no es existir: Existir es resistir.

 

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2012, LA APUESTA DEL MILENIO

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