OBRA NEGRA: La curaduría como objeto de análisis.


Es común que la crítica plástica se enfoque sobre la obra y el artista. Esta vez me limitará a la curaduría, porque en los últimos 60 años ha ocupado el liderazgo en determinar el gusto de las corrientes estéticas. Y los artistas han quedado a la periferia, mientras los especialistas eligen, acomodan, promueven y excluyen.

¿Qué es un curador? –“El curador es un crítico o autoridad en artes visuales quien da un respaldo a académico a la exposición y selecciona y determina las obras a exponer de acuerdo con criterios que establece de común acuerdo con los organizadores o productores de una exposición”.

http://www.irismexico.org/curaduria.html

El 18 de Marzo, en el El Cubo del Centro Cultural Tijuana, la exhibición Obra Negra se convirtió en la piedra fundacional de la arqueología visual tijuanense. De acuerdo al título de la exhibición y al uso que se le ha dado; “Obra Negra” es en sí una “obra” y un “proceso”.

En conversación electrónica con la curadora Olga Margarita Dávila, le mencioné que escribiría este artículo. Ella me sugirió que no me “precipitara”, que le diera un “recorrido lineal” a la exhibición. Y así lo hice, volví a visitar dos veces más la exhibición. Pero me fue imposible hacer una “lectura lineal”, a pesar de caminar en línea recta y paralelo a las paredes.

En realidad, Obra Negra es un rizoma. A la entrada de la exhibición, hay piezas de 2010, 1974 y de 1900. Posteriormente, los curadores agruparon el resto de la obra en ejes conceptuales, no precisamente “cronológicos”; y en el acto transformaron la crónica en ucronía; “…un mundo desarrollado a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento sucedió de forma diferente a como lo ocurrió en realidad”.

Los curadores nos ofrecen una “historia alterna” de la cultura visual de Tijuana, pero “la historia alterna es también una fuente de ficción comparable con la literatura fantástica o la ciencia ficción”.

Es importante aclarar que esto no es nada nuevo. La crítica se le hizo originalmente a Foucault, cuando se le cuestionó si una “excesiva deconstrucción” borraría el sentido lineal de la historia.

En mi tercer recorrido de la exhibición, me quedó claro que el logro mayor fue la recopilación de la obra. En ese aspecto, el consenso es general. Pero también, -el anaformismo histórico-, al parecer producido por una concepción curatorial basada en ideas como el “relativismo de los hechos”, la “simulación documental” o el “fin de la historia”; es decir, en los tres pilares del posmodernismo.

A pesar de la monumental cantidad de obra, la curaduría no logra desentrañar “el caos y el misterio” de la cultura visual tijuanense, porque el montaje carece de método: No se explica. No se comprende. No se comprueba. Se queda en la percepción sin consciencia a falta de una taxonomía y narrativa crítica.

De acuerdo a la comunidad científica, –la clasificación debe ser enteramente consistente con lo que se sabe del origen y el desarrollo de los elementos por ordenar-, y no en lo que quisiéramos que fuera o pretendemos que es o fue.

En mi opinión los curadores debieron apegarse a la cronología; incluyendo las declaraciones de los protagonistas, testigos, investigadores y especialistas. Ya que al sacrificar el rigor científico, se desarrolla una memoria pública a partir de intereses, gustos y simulacros.

¿Crónica o ucronía?

Los curadores declaran: “…esta exhibición está configurada de dos estructuras: una amplia e inclusiva visión histórica que responde a los hechos, instituciones y grupos artísticos que fueron parte de este proceso...”

http://va-grad.ucsd.edu/~drupal/node/1967

Pero, la declaración de Virgilio Muñoz, director del Cecut, nos confirma que la exhibición tiene un propósito ucrónico: “…alineando un pasado camaleónico con las propuestas de un presente irreverente”

O, ¿qué significaría para tí?

http://www.frontera.info/EdicionEnLinea/Notas/Noticias/21022011/498627.aspxLos

Sin crónica no hay pasado.

La crónica y la investigación se realizan sobre bases empíricas. Sin documentación y sin análisis, Obra Negra, -disculpen el oxímoron-, se queda “desnuda”. La exhibición demuestra las interconexiones entre los artistas, las obras y el contexto, minimizando y excluyendo aspectos relacionados con el origen del arte fronterizo.

Un trabajador con antigüedad del Cecut, declaró que Obra Negra, “no tuvo maqueta”. La exhibición se inauguró “interminada”. El maestro Roberto Rosique del Departamente de Humanidades de la UABC, explicó:

No se esclarecen los hechos que hemos conocido. Hay excelentes piezas. El talento no es problema. Es la comprensión de la historia regional y de las relaciones entre las piezas clave, lo que falta en Obra Negra. Aunque hay un gran punto a su favor: el intento por hacer visible una parte de la historia plástica de TJ”.

En obras públicas, -lo comprensible es impresindible-.

¿Acaso el arte contemporáneo nos puede dar algo así? ¿Se podrá establecer una crónica o estaremos obligados a aceptar “aproximaciones”, en las que la relevancia artística responde a la cantidad de piezas en exhibición, ubicación e iluminación (estética), y no a la relevancia crítica e histórica (ética)?

Sólo explicando las ramificaciones y los vasos comunicantes entre artistas, piezas, contexto histórico y biorregional, se podría hacer una crónica veráz. Y ¿esta no terminaría siendo otra interpretación? -Claro, pero con base en los hechos y declaraciones de protagonistas, testigos y especialistas.

El futuro sólo se puede visualizar en escenarios construidos a partir de los hechos.

El artista, investigador y autor, Jaime Cuanalo, precisó: “El problema es entonces el criterio curatorial que, supuestamente, era historico, pero acabó siendo de gusto personal. Esto no seria malo, si no fuera porque es la 1a exposicion historica del arte de Tijuana, y porque ademas, al usar fondos públicos, deja bloqueada la posibilidad inmediata de que se haga un verdadero recuento histórico que es, según lo dijo Virgilio, una deuda largo atrás vencida con el arte local.”

Se habla de “un primer paso”, ¿hacia dónde? -Según palabras del director del Cecut, Virgilio Muñoz: “‘Obra negra es una retrospectiva de la plástica bajacaliforniana, estamos muy interesados en decir quién es quién en la cultura, de que los curadores hagan un análisis de artistas bajacalifornianos de fines del siglo XIX hasta nuestros tiempos”.

http://www.frontera.info/EdicionEnLinea/Notas/Noticias/21022011/498627.aspx

Una crónica es una obra literaria que narra hechos históricos en orden cronológico. Y Obra Negra es “una crónica a muchas voces, narra la forma en que se ha desarrollado la cultura visual…”. Hay una diferencia sutil que se pierde a primera lectura.

En la exhibición se pierde el acto de narrar y dar sentido cronológico a la memoria con el lenguaje. Las “voces” en realidad son visuales, plásticas. Y la imagen no tiene el mismo efecto que la palabra cuando se habla de tiempo mental. El lenguaje narra, la imagen muestra.

Los curadores fugándose en el discurso internacional del arte, ofrecen una colección monumental, pero dispersa y sin argumentos enteramente creíbles. A falta de rigor histórico, la exhibición pierde su virtud didáctica. Se hace inaccesible al espectador, porque pierde su orden cronológico y explicativo.

Un acercamiento más arqueológico a la exhibición pudo haberla hilado mejor, haciéndola más significativa y comprensiva para el espectador. La poeta Elizabeth Cazessús comentó después de visitar la exhibición; “Obra Negra carece de poética urbana. No está la ciudad. Y para resolver estos cabos sueltos, nos ofrece una simulación. Pero no se puede sustituir lo que una ciudad anhela, una memoria de hechos, no un simulacro”.

¿Obra negra? ¿Obra gris? ¿Obra blanca?

En arquitectura la expresión “obra negra” hace referencia a una edificación en proceso […] la identidad visual de una ciudad como Tijuana, joven y en constante crecimiento, está aún en vías de construcción.”

http://www.el-mexicano.com.mx/informacion/suplementos/2/40/identidad/2011/03/13/460284/obra-negra.aspx

En arquitectura, “Hay tres aspectos que conforman la construcción de un lugar: son obra negra, gris y blanca. Cada una es determinante en el proceso de iniciación, ejecución y finalización de la misma.”

http://www.arq.com.mx/noticias/Detalles/11213.html

La primera etapa: Obra negra, es el esqueleto de la construcción. En mi opinión el orden del “esqueleto” para una mejor comprensión histórica, sería:

1- Obra Negra:

A- Tratado de Guadalupe Hidalgo

B- Invasión de Tijuana

C- Casino de Agua Caliente.

2- Obra Gris:

A- 50s

B- 60s

C- 70s

3- Obra Blanca:

A- 80s

B- 90s

c- 2000s

Regresemos de nuevo a la exhibición en El Cubo:

El “eje 1” nos lleva por la historia de Tijuana a partir de postales, cine y artefactos. Al cruzar al “eje 2”, la cronología desaparece y la historia se pierde en un espacio alucinante en el que un módulo lunar cuya cabina es una cabeza Olmeca, nos guiña con ojos de monitores.

Acaso, ¿se pretende galvanizar a diversas generaciones de artistas en una re-configuración alejada del análisis? ¿De qué otra manera se puede explicar que las partes (obras) no se “sumen” en un todo comprensible (crónica)? ¿La razón? -Carece de análisis; de la descomposición de un todo en partes para poder estudiar su estructura, sistemas operativos o funciones.

¿Cómo comprobar mi afirmación? -El catálogo de artistas en el tercer piso de la exhibición, sólo contiene hojas en blanco. ¿Qué historia nos cuenta Obra Negra? ¿Popular? ¿Elitista? ¿Alternativa? ¿Dónde quedó la crónica de los burros zebra? Y si la exhibición se llama Obra Negra, ¿por qué se ignoró la estética de las pinturas sobre velvet negro?

Y para curiosidad histórica: La epigrafía no logró evitar la acusación de plagio que la misma investigación visual reveló. Ver link:

http://teatrodelamente.blogspot.com/2011/03/obra-negra-el-mapa-no-sera-el.html

Hubiése sido mejor trabajar seis meses más y presentar algo taxonómicamente acabado, a derrochar presupuesto sin alcanzar el teatro de la memoria. ¿Estoy exagerando? “Es un hecho que en Tijuana, […] se pueden reconocer claramente los vasos comunicantes entre la vida pública y la creación artística”. -Dicen los curadores. Pero si los vasos comunicantes son tan claros, ¿por qué el espectador no los puede ver en la exhibición?

http://va-grad.ucsd.edu/~drupal/node/1967

Cuando se presenta un contexto histórico, la claridad y el orden son imprescindibles. Al sacrificar la crónica por “el arte por el arte”, la exhibición queda sin cohesión. La arqueología se fuga de la veracidad. La voz de la ciudad queda ausente. No hay explicación de los hechos, ni de la evidencia.

Si en este momento, se aplicara una encuesta a la comunidad artística de Tijuana, de seguro habría muchas inconformidades con la exhibición. Particularmente con la apelación a lo “inacabado”, que pareciera el “comodín” de los curadores.

La válvula de lo inclusivo/exclusivo

Si el trabajo científico incluye los errores y los aciertos, además de lo presente y lo ausente; seis casos de exclusión me llaman la atención:

Primeramente el caso de Blanca Sheleske, artista visual y performera que en los 90s escribió extensamente de arte regional con intenciones de crítica y comentario, en el semanario Bitácora.

Segundo, el caso de Jaime Cuanalo cuyo curriculum es innegable como fundador de la primera escuela de arte en Tijuana; además de ser un autor e investigador. Cuanalo declaró al respecto:

Yo no dudo que faltara espacio para incluirnos a todos, pero me parece dudoso el criterio bajo el cual mi curriculum y otros similares no califican, en comparación con otras producciones mas reducidas, recientes o forasteras que en algunos casos se incluyeron con bastante mas que una pieza.”

La tercera ausencia es la de Marcos Erre. Según los curadores las negociaciones no llegaron a un acuerdo por diferencias políticas. Y el cuarto caso es el del pintor Arístides Alemán, fundador del Mvseo Medvsa. El quinto es Carlos Castro y el sexto, Antonio Escalante.

Anaformismo histórico.

La exclusión de datos ofrece proporciones injustas de los protagonistas, y justifica una visión que acaso obedece a gustos personales, intereses políticos y económicos. Igual, la exhibición minimiza y excluye nombres en beneficio de participaciones injustificables.

Escenarios futuros.

La veracidad histórica demuestra que a través de los años, “la cerrazón y apertura” en el Cecut; ha dependido más de políticos y grupos sociales en el poder cada sexenio, que de otra cosa.

¿Se proyecta llevar a China la exhibición o es el dumping del arte fronterizo rumbo al mercado asiático? ¿Serán Carlos Ashida y Olga Margarita Dávila los curadores? ¿Será Daniel Ruanova el elegido a ocupar el “trono que dejó” Erre en el Cecut?

¿Por qué inaugurar una obra inacabada?

El público sale agradecido por el esfuerzo, emocionado por la presencia de los artistas que admira o decepcionado por su ausencia. En el fondo insatisfecho y confuso, -no por el arte ni los artistas-, sino por la falta de crónica en la curaduría. Trascender esta limitación, augura reto para la ideología posmoderna que domina el arte mexicano.

Determínalo tú mismo lector.

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2012, LA APUESTA DEL MILENIO
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