DE VEJEZ Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL


La verdad es relativa porque no se puede ver ni tocar…
Bajo la sombra de la vejez, el mundo se opaca y todo se vuelve ordinario.
Lo ordinario es la madre de la sabiduría.
Ser “viejo” y no tener nada que contar, es haber fallado la prueba de vivir.
Ser “viejo” es cargar con demasiados hábitos, tantos que el mundo se vuelve un bosque de prejuicios.
¿Cuándo eres un “viejo”? -Cuando los malos hábitos pesan más que tu salud, y la sabiduría se devoró tu imaginación.
Una vida sin auto-crítica, garantiza una vejez en la que la crisis existencial se volverá el perfil de tu personalidad.
Un signo de una mala vejez, es confundir los achaques, las dolencias y los prejuicios de toda una vida con la “profundidad”, la “sabiduría” y la “compasión”.
Una “buena o mala” vejez, es el resultado de los hábitos de toda una vida.
La decadencia de la cultura mexicana se debe a una disfunsión generacional/social entre jovenes y viejos.
¿Qué tipo sabiduría ofrecen los viejos que aconsejan hacer lo mismo de siempre, callar, no levantar la voz; los que se aferran al control en una dirección suicida y rechazan las nuevas posibilidades bajo el sol?
Los hombres de la generación A-ranada, son los que piensan que el machismo es cultura, tratan mejor a la putas que a sus esposas; y cuando la mujer finalmente los deja, salen a llorar con el reboso de bolitas: “es una mala madre… es una puta…”
Los extremos de la vida: Por un lado los que se avientan de “pechito” en cualquier situación porque les falta calle..; por otro, los a-ranados, los que ya no quieren apostarle a nada por viejos, resentidos y amargados.
La sociedad aprisiona a los viejos haciéndolos creer que el iniciar algo nuevo, cambiar de opinión, dejarse llavar por una pasión o la auto-preservación, es una “locura indigna de sus canas”.
Pedir la “paz social”, sin atreverse a mirar profundamente el malestar y sus causas, es seguir en lo mismo, evadiendo la auto-crítica.
Sin auto-crítica, no habrá paz social que dure o evolución social que desemboque en prosperidad y salud.
El presente, no sólo es el resultado de las acciones de los contemporáneos, sino de los antepasados.
Pagamos por los errores de nuestros padres, ¿los volveremos a cometer nosotros?
La corrupción y el narcotráfico son las consecuencias de las decisiones no acertadas de varias generaciones, que hoy se sorprenden impotentes ante el monstruo de su propia creación, por falta de auto-crítica.
Ser “viejo”, no es sólo cuestión de canas y arrugas, sino de actitud ante la vida.
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