REQUIEM PARA OBRA NEGRA


La protagonista es Tijuana, no los artistas”

-Olga Margarita Dávila, curadora de Obra Negra

“La ciudad no es una entidad abstracta, que se lleva y se vuelve

a crear una y otra vez por la gente que vive allí”

-Markus Bader, arquitecto/curador.

A cuatro meses de inaugurada y como por arte de magia, desaparece la monumental “Obra Negra” sin una palabra, sin ceremonia de clausura y sin catálogo. Armando García Orso, Sub-director de Exhibiciones, nos comunicó que el catálogo de “Obra Negra” se publicará hasta octubre, siete meses después de la inauguración de la exposición.

En una entrevista publicada en la edición de julio de la revista Tijuaneo*, Olga Margarita Dávila, co-curadora de la exposición “Obra Negra”, cuyo dato curricular abarca haber sido docente por 20 años y realizado curaduría en más de 50 exhibiciones en México, Estados Unidos, Argentina, España, hace las declaraciones, comentarios y reflexiones finales sobre su postura curatorial.

* http://issuu.com/ilescasp/docs/tijuaneo_49/47

En términos generales, a pesar de todas las afirmaciones que Olga Margarita Dávila hace a su favor, la curadora deja un mal sabor de boca por sus abrumadoras contradicciones y enredos pseudo-intelectuales. El Director Académico de la Escuela Superior de Arte Visuales de Tijuana, Jaime Cuanalo, al leer la entrevista, declaró: “¡De veras ya no se si reír o llorar!”.

Tal vez, el lector pueda pensar que exagero, pero cito una línea de la curadora en la que demuestra su incontinencia verborreica: “Del sentido ortodoxo de revisión histórica a la doxia contemporánea de yuxtaposición, asociación, rizomas y sentidos oblicuos”. Jaime Cuanalo, atónito cuestiona:“De verdad hay alguien en CECUT o CONACULTA con tan bajo nivel intelectual que pueda leer sin morirse de la risa […] Pueden de verdad tomar en serio y aun más contratar a alguien capaz de decir semejantes galimatías y peor, tratando de justificar su trabajo de curaduría’.

Vayamos por partes. Primeramente, para no errar y caer en subjetivismos, esta crítica se fundamentará en las declaraciones de prensa de los curadores de “Obra Negra” y del Director General del Cecut en turno. Así podremos medir y comprender los efectos concretos de sus contradicciones, sin caer en las diferencias políticas, gustos personales y prejuicios estéticos de “…personas que no se han enfrentado a la exposición de manera abierta”, segúndeclara Olga Dávila, y recomienda“…verla sin prejuicios, [la exposición] en una actitud de seguir la propuesta que es muy sencilla, la protagonista es Tijuana, no los artistas”.

En la entrevista, en su primera respuesta, Dávila afirma que originalmente “Armando García Orso [sub-director de exposiciones del cecut] quería mostrar lo que pasa con todos los otros creadores que no han sido nombrados en las exposiciones y textos que se han hecho sobre las artes plásticas en esta ciudad…”. En un boletín oficial del Cecut, fechado el 16 de marzo de 2011, la anécdota es diferente, cito: Olga Margarita Dávila cuenta que el proyecto partió de la idea de realizar una retrospectiva de artistas de los años más recientes. Fue al percatarse de que este propósito no tendría estructura si no se hablaba de quienes hicieron su aparición en la escena del arte años atrás…”. Cuatro meses después, Dávila declara a Tijuaneo: “La protagonista es Tijuana, no los artistas”.De entrada hay una discrepancia fenomenal que hace cuestionar, ¿cómo es que se pasó de un proyecto enfocado en los artistas “que no han sido nombrados”, a una exposición protagonizada por “Tijuana”? ¿Y cómo fue que el Sub-director de Exposiciones y el Director General del Cecut, hayan permitido la tergiversión del enfoque curatorial? ¿Los fines justifican los medios o los medios distorsionan los fines?

Dávila declara que Carlos Ashida, curador principal y su “mancuerna”, tuvieron que adentrarse en la historia de Tijuana, y “Al hacerlo se fue mostrando la juventud de la comunidad artística […] Al pensarlo y comparar el momento con el resto de las ciudades del país, que pujan con Tijuana […] era como de risa, no de burla, sino de nervios y sorpresa.”. ¿Sorpresa? -Dávila fue invitada por Ashida a ser la co-curadora por su “pertenencia a Tijuana”, por su experiencia y conocimiento del medio. ¿Qué esperaba encontrar? ¿O será que Dávila estaba encandilada por el “boom fronterizo”, mito que ella misma promueve profesionalmente en el centro y sur de México, y ante el descubrimiento arqueológico se quedó sin fundamentos? -La “sorpresa” demuestra desilusión. Un hallazgo arqueológico no se juzga, se muestra, se explica.

En el boletín informativo del 18 de marzo de 2011, el Cecut declara: “El maestro Muñoz refirió que el proyecto de la exposición surgió hace casi dos años…”. En la entrevista de Tijuaneo, Dávila dice: “…después de tres meses de estar montando la exhibición”. Me pregunto, ¿qué sucedió en los otros 21 meses? ¿cuánto tiempo se invirtió realmente en la planeación, si no hubo maqueta? -Lo que si puedo decir por experiencia personal, es que Carlos Ashida venía periódicamente a Tijuana y el resto del tiempo, Olga Dávila dirigió el proyecto.

Las contradicciones se multiplican cuando Dávila dice que, “…por la juventud de la ciudad nos permitía asirla de ‘cabo a rabo’ […] Quizá ninguna otra ciudad de México se pueda poner en una sola muestra, con toda la historia de sus artes visuales.”. Posteriormente en la misma entrevista, Dávila contradice su visión totalizadora al declarar que, “Es imposible pensar en una exposición en la que estén todos, sobre todo ¿quiénes son todos? […] Aunque es basta no es totalizadora, imposible tal sentido. Es comprensible que así se pueda leer por la comunidad, pero de verdad que no lo es.”, es decir, la curadora asume que la comunidad tijuanense está alucinando a pesar de las declaraciones realizadas por el mismo Director General del Cecut, Virgilio Muñoz: “‘Obra negra’ es una retrospectiva de la plástica bajacaliforniana, estamos muy interesados en decir quién es quién en la cultura, de que los curadores hagan un análisis de artistas bajacalifornianos de fines del siglo XIX hasta nuestros tiempos”.

http://www.frontera.info/EdicionEnLinea/Notas/Noticias/21022011/498627.aspx

En el boletín del 16 de marzo de 2011, Carlos Ashida declara: “Se trata más bien de narrar, a través de la información que hemos reunido, todo un proceso de construcción realizada por una cuadrilla de personas que han tratado de levantar una edificación habitable…”. ¿Quién decide quién es esa “cuadrilla de personas”? ¿Bajo qué parámetros y valores incluyen o excluyen? -La visión de inclusividad que comparten Carlos Ashida y Virgilio Muñoz, es opacada por una lista recopilada por Jaime J. Cuanalo, de artistas con trayectoria o con estudios avanzados que no fueron invitados a participar en “Obra Negra”, -entre ellos él mismo-, Antonio Escalante, Nina Moreno, Carlos Castro, Blanca Sheleske, Hugo Lugo, Cesar Perlop, David Alemán, Guillermo Castaño, Julka Djuretic, Martha Soto, Juan Gastelum, Ángel de Alba, Alfredo Martínez.

La exclusión no se limita a los artistas. De acuerdo a la lectura de Cuanalo, “Obra Negra” ignora, “Toda la historia regional del arte performance, la mayor parte de la escultura (solo se pusieron ensambles que cupieran en el ‘estilo posmoderno’), todo el arte que pudiera ser calificado de ‘expresionista’, esto es, todo el arte que trate de expresar contenidos de forma específicamente artística y no mediante discursitos conceptuales.”.

En el boletín oficial, fechado 16 de marzo de 2011, Dávila declara: la propuesta inicial se transformó en la búsqueda por presentar un trabajo más completo, con una propuesta incluyente…”. No obstante, hay evidencia de que el uso de artistas muertos como aval de intereses promocionales formó parte de la curaduría, cito la declaración de Olga Dávila a Tijuaneo: “Benjamín Serrano en lo años setenta produjo obra sin parangón a nivel internacional, nacional y local. Como actualmente puede ser el caso de Jaime Ruiz Otis”; de quien Carlos Ashida, declara en el boletín del 16 de marzo de 2011: “La única pieza construida para el montaje de Obra negra, menciona Ashida, pertenece a Jaime Ruiz Otis, realizada primero en Nueva York y luego en Oaxaca, la cual para la exposición tuvo que rehacerse para ser ajustada a las condiciones del espacio e insertarse en el núcleo temático en el que se cree aporta una visión interesante”. Pero, si Dávila declaró que “Obra Negra” es una exposición protagonizada por Tijuana, ¿por qué se usa para promover a ciertos artistas por encima de otros? -Sin menosprecio al trabajo de Otis, ¿qué fragmento “interesante” de la historia de Tijuana nos narra su obra, si su trabajo no es figurativo, ni trabaja con texto?

En otro boletín oficial publicado en la página-web del Departamento de Arte Visuales de la Universidad de California, San Diego*, se declara que la exposición “…emprende el desafío ambicioso de presentar una crónica que perfila la historia de la construcción de la cultura visual de Tijuana.”. Finalmente, los curadores optaron por excluir la crónica de su discurso y quedarse con la ciudad en abstracto, algo tan absurdo, ya que el fundamento principal de una ciudad es su densidad de población. Me pregunto, ¿qué es una ciudad sin sus artistas? ¿Qué queda conceptualmente de Tijuana, si su infraestructura urbana según la metáfora de la curadora es una “obra negra”, y sí los artistas no son sus protagonistas? -Lo que se deduce a partir de estas declaraciones, es que Dávila y Ashida la jugaron de juez y parte, errando en no limitarse a presentar con dignidad y coherencia documental lo que encontraron, -fuese lo que fuese-, y optaron por adaptar el proyecto a una visión etnocéntrica del arte tijuanense, que según Dávila, “ha apoyado a entender la ciudad”. Pero,¿cómo se mide en teoría posmoderna, el valor estético y didáctico de una exposición inacabada? ¿Por su cantidad o por su calidad? ¿Por su extensión o su profundidad? ¿Por la opinión de quién o los intereses de qué corriente?

* http://va-grad.ucsd.edu/~drupal/node/1967

Cuatro meses después de la inauguración, Dávila declara en la entrevista de Tijuaneo: “Esta no es la historia del arte de los estilos, o movimientos, en los que se van a encontrar a los artistas más importantes y sus obras cumbres, sino, es la historia que refleja cuatro momentos de crecimiento de la ciudad”. Me pregunto, ¿cómo es que la obra de arte refleja “momentos de crecimiento de la ciudad”? Usar el arte como instrumento sociológico, es tan absurdo como negar el valor de una obra, solo porque esta no pertenece a la corriente de moda.

En otro boletín, el titular oficial dice: “Exposición histórica mostrará a Tijuana a través de sus imágenes”. Al parecer los curadores ignoran que la forma y el contenido de la obra de arte es un reflejo de la evolución del artista, de su propio tiempo, y no es un medio para montar una “Exposición histórica” de la ciudad. El error fundamental de la curaduría es querer narrar sin crónica, ni rigor documental, y sin reflexionar en la paradoja visual que nos dice: “Una imagen dice mil palabras”; si, pero sin orden, ni especificidad significativa. Fuera de contexto una imagen puede significar cualquier otra cosa que la intensión original de su creador. La imagen no es narrativa, ni crónica, ni historia, es un instante congelado.

En ciertas declaraciones, los curadores nos proponen “la historia de Tijuana a través de sus artistas y su cultura visual”; y en otras “presentar una crónica que perfila la historia de la construcción de la cultura visual de Tijuana”. Sus declaraciones parecieran una banda Möebius o un cubo de Necker, pero en la que las imposibilidades físicas o sus contradicciones, las tuercen y ajustan con palabras.

Finalmente, con una gran cantidad de obra recabada y un escaso sentido histórico, “Obra Negra” quedó en la indeterminación, pero no porque la ciudad y los artistas fuesen indecisos, ambiguos, ni por falta de calidad artística, espacio de exhibición o tiempo para la planeación; sino porque Dávila y Ashida apostaron por “una lectura totalmente nueva” que no cuajó y quedó como el refrán: “Ni cuadrado ni redondo, sino todo lo contrario”.

Los curadores no logran aclarar, ¿cómo es que una exposición en la que sólo se dedica una pequeña sección de los 1500 m2 al “territorio como origen”, explique a una ciudad tan compleja como Tijuana, además de que la exposición estuvo llena de obras sin ficha técnica, ni referencias documentales, con errores y sin un catálogo impreso que narre “los vasos comunicantes” entre la obra y el desarrollo de la ciudad que los curadores proponen? -Quizás porque los curadores tienen “vista de rayos X”, cito el boletín de la Universidad de California, San Diego: Es un hecho que en Tijuana, […] se pueden reconocer claramente los vasos comunicantes entre la vida pública y la creación artística”, ¿un hecho? -Los “hechos” no existen, sólo interpretaciones.

En la entrevista, Dávila insistió en justificar el incumplimiento de la promesa pública del Director General del Cecut por “decir quién es quién en la cultura”, y se justifica declarando que “…para Obra Negra, están todos los que son al tiempo y posibilidad de la muestra”, pero, ¿las limitaciones de tiempo y espacio pueden determinar la historia visual de Tijuana? -Es como si la historia nacional se limitara a la cantidad de hojas disponibles y no a los documentos.

Llegando al final de la entrevista en Tijuaneo, Dávila se justifica con un poco de “poesía”, y sin ofender a los poetas se hace la víctima:“El tropel de la sinergia fronteriza se impone, y hay cosas que así, porque así es, siempre quedarán imperfectas, como nuestra ciudad…”. Esta es la forma más rebuscada y pedante que he leído para decir que falló la estrategia y la logística curatorial; y qué mejor que culpar al caos fronterizo como si Madrid, México o Argentina, ciudades en las que Dávila y Ashida han trabajado, no fueran urbes devoradoras de tiempo, dinero, aparte de agotadoras. La diferencia es que en esas capitales, si sales con una excusa de esta índole, profesionalmente quedas “proscrito”.

Invito al lector a leer la entrevista de la curadora, para que atestigüe cómo Dávila entre más se explica, más profundo se hunde en un hoyo negro de contradicciones; además de haber perdido de vista que en un periodo nacional de recesión y guerra, su “lectura totalmente nueva”, le costó millones a la federación, avivando resentimientos por el desperdicio de recursos. Porque aparte, de que ese es el mismo comportamiento por el que Tijuana sigue en “obra negra”, evidencía el derroche y el despotismo pseudo-intelectual que sofoca al mundo del arte institucional mexicano.

En retrospectiva, el análisis de las declaraciones de prensa de los curadores y del Director General del Cecut, revela un proceso de improvisación, contradicción y cambios de dirección que deja ver que los responsables no conformaron unidad en sus declaraciones; que cada uno comprendió a su manera el proyecto; que tal vez tuvieron discusiones y no se pusieron de acuerdo. A la fecha, las declaraciones de Olga Margarita Dávila a Tijuaneo, confirman que careciendo de estudios profundos de arte, arqueología y sociología, fue su visión estética de Tijuana la que se impuso: el kitsch y las galimatías conceptuales.

El pasado es lo que es. Y si verdaderamente deseamos conocernos y forjar una identidad, debemos buscar, enfrentar y aceptar el pretérito del que somos su futuro, sin maquillarlo y sin intentar manipularlo a manera de ingeniería social.

Finalmente, en tono conciliador y práctico, Jaime Cuanalo pide “…a nombre de todos los artistas que piensen y sientan como yo en Tijuana, que CECUT se arme pronto otra exposición histórica del arte de Tijuana, pero que por favor, lo pido encarecidamente, no nos la armen con curadores. Encarguen a un teórico del arte, o de menos a un historiador del arte. Armen algo en serio que nos haga sentir dignos y orgullosos, que nos de sentido de pertenencia y que le aclare a la gente de casa y de fuera ‘quien es quien’ en la historia del arte de Tijuana, no a modo de elogio, sino de precisión histórica.”

Gerardo Navarro, 20 de julio, 2011.

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