TIJUANA RESURGE DE LAS CENIZAS


La canícula se derrama sobre la noche. Un viernes bullicioso en el que la explosión eufórica acelera el pulso de la ciudad. Los festivales culturales y otros proyectos han perdido el ímpetu publicitario, para afianzarse a sus respectivas comunidades y públicos. Ninguno habla por la ciudad en su totalidad.

El taxi en el que viajo, llegó al centro. La Avenida Revolución, esta vez llena de gente local, parece recuperar el “burbujear” de la locura que vive de noche, que busca en la calle el contacto humano en goce. El resto de la mancha urbana carece de esta intensidad.

Hemos pasado de ser una ciudad pequeña con gustos cosmopolitas, a ser una ciudad importante con gustos provincianos. Una paradoja incomprensible para quienes no reconocen la responsabilidad de sus inversiones y decisiones políticas, para quienes no aceptan que Tijuana, a pesar de ser una ciudad de paso, tiene su gente, su cultura y su memoria.

La catástrofe económica que dio el golpe mortal a la Avenida Revolución, era anunciada. La “paradoja del inframundo” debería ser recordada como máxima: Las economías turbias no tienen frontera entre “el bien y el mal”, el mercado libre y el mercado negro son dos bando del mismo juego y no hay tregua. Mi abuela me lo dijo así: “Quien baila con el diablo, termina mal. Si tienes que cruzar el infierno, hazlo en línea recta y no te quemarás.”. Esa es la cultura tijuanense, el saber vivir y habitar cómodamente el “infierno” sin quemarse. Pero no todos aplican la máxima popular, ni todos saben o vienen a vivir…

Existe otra cara de la misma moneda, la de los artistas que resurgen de otras épocas de Tijuana, y los que se integran formalmente a tener una presencia en avenida Revolución. Hoy, salen del olvido cotidiano, postean sus trofeos, pósters y fotos en las redes sociales. Y volvemos a reconstruir lo que hemos sido, para darle sentido y continuidad a lo que somos. Es una extraña empresa del recuerdo y de la apropiación de la historia que se hace naturalmente, después de una guerra o catástrofe.

En este esfuerzo, las oportunidades abrieron la posibilidad de relevar una buena parte de los antiguos moradores de la Avenida Revolución. Y con ello, hacer una transfusión cultural a la vida nocturna. Finalmente, es la alianza entre los propietarios del primer cuadro de la ciudad y los creadores, esos empresarios de lo “imposible”, quienes han sembrado la esperanza. No desesperen, las catedrales góticas fueron construidas y acabadas por varias generaciones.

Hagamos el esfuerzo porque los instintos usureros y egoístas, que también son parte de la identidad tijuanense, pasen a un plano recesivo. Que chismes y resentimientos se aclaren por un esfuerzo de  veracidad y responsabilidad. Que las “malas vibras” y prejuicios se neutralicen por un “volver a ver”, y reconocer que tal vez nos equivocamos. Los tiempos cambian, la vida no se detiene.

Bienvenidos a la siguiente etapa de nuestro desarrollo como ciudad y personas. La identidad es de quien la forja. La ciudad, de quien la construye. La cultura, de quien la practica. ¿Volveremos a resurgir y “moriremos como soles”, tal como lo escribió Ricardo Flores Magón?

 

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2012, LA APUESTA DEL MILENIO

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