La ilusión política es como el amor, cuando se rompe no hay arreglo.


La ilusión política es como el amor, cuando se rompe no hay arreglo.

Las elecciones son un proceso en el que el ciudadano debería elegir libremente y en secreto, a partir de su investigación y análisis crítico sobre los candidatos, partidos, ideologías e historia. Paradójicamente, los medios han convertido la democracia en “espectáculo”; a los partidos en “religión de fanáticos” (algunos pagados, otros por convicción, otros acarreados por una torta); a los candidatos en “cultos a personalidades” (patriarcas de telenovela, paladines de la justicia, heroínas del sexo débil, comodines provocadores). En TV poco se habla de las ideas, se censura la crítica profunda y constructiva; los debates se simplifican a circos romanos en los que las preguntas -no son específicas-, y dan latitud para divagar en ataques personales, repetir slogans, copiar propuestas del contrincante, dramatizar, exagerar, prometer cualquier cosa a cambio de ratings y votos, que ya pocos creen y muchos sentimos el vacío de la democracia, la nada política de la mediatización…
Las propuestas económicas y el equipo de AMLO, son el mejor paquete. Se que un ajuste a nuestro decadente sistema capitalista republicano, no es un “cambio verdadero”, pero si un comienzo en la dirección de mayor justicia y equidad en la distribución de la riqueza, y la autonomína económica de nuestro país. Los otros candidatos tan sólo improvizaron propuestas de interés social, a partir de la plataforma de AMLO, sin verdaderamente explicarnos las incongruencias ideológicas y económicas, que representan los hechos y las historias de los partidos, en contradicción a sus propuestas. La fuerza moral de AMLO es incuestionable, ni Anonymous, ni Wikileaks, le han encontrado evidencia de corrupción, y las conspiraciones en su contra, se han probado mentira; incluyendo la alianza entre el PRI, Televisa, y el PAN.
Los utopistas no somos los que creemos que el cambio verdadero es un cambio de sistema; sino los que creen literalmente que el cambio verdadero, se puede dar dentro del neoliberalismo. El problema con el concepto de “cambio verdadero” de la izquierda Mexicana; es que no incluye una crítica al sistema mismo, sino se limita a los síntomas como la corrupción, la impunidad, el autoritarismo, la evasión de impuestos, la fuga de capitales, etc.. Pero, para que el “cambio verdadero” sea verdadero, se tiene que aceptar que los síntomas son efecto y no causa; y que la causa original está en el diseño mismo del sistema; es decir, se podrá hasta cierto grado controlar la economía con un gobierno reformista, pero jamás se podrán erradicar los vicios inherentes al capitalismo, puesto que la división de clases, la explotación, la banca central, el FMI, las corporaciones, siguen funcionando, operando, y creando inflaciones, recesiones, crisis: instrumentos de proletarización, de robo, de destrucción masiva de la esfera pública.
Cuando se habla de “cambio verdadero”, hay que comprenderlo de la manera menos utópica y más inmediata; poniendo medida histórica a la frase, ¿vamos a cambiar de sistema o sólo se pretende ajustar los desajustes del viejo sistema? Si se ajustan los desajustes, ¿acaso no seguiremos viviendo en el mismo sistema “ajustado”? Entonces, ¿en qué consiste el cambio verdadero?
El primer reto para los que deseamos cambiar el sistema pacíficamente, es comprender que el capitalismo es una -anti-economía-; porque economía significa ausencia de desperdicio, uso racional de los recursos naturales, y una justa distribución de la riqueza. El segundo reto es comprender qué es lo que otros movimientos anti capitalistas han propuesto y hecho, sus aciertos y errores. El tercer reto es reconocer que los problemas de la humanidad no son políticos, sino técnicos; que los políticos contemporáneos no saben nada de educación, de economía, salud, planeación, desarrollo, ingeniería, ecología, ciencia, etc.. El cuarto reto es saber discernir lo qué es ideología y lo qué es ciencia/técnica; lo que sirve de lo viejo, y lo que no; lo que se debe cambiar, y lo que debe permanecer. El quinto reto es reconocer que la cultura es una posible y peligrosa enemiga, porque es rehén del status quo, y al apegarse a tradiciones, usos y costumbres; el aferre al pasado puede estancar la transformación y el avance a nuevas formas de cultura política, organización, producción, y expresión. El sexto reto es reconocer que nosotros mismo podemos ser nuestros peores enemigos; somo expertos en el el auto sabotaje, y nuestra incertidumbre, duda, apatía, comodidad, egoísmo, competencia, vanidad, deseo, violencia, y miedo, pueden ser explotados por el oponente en nuestra contra. El séptimo reto, es dejar de leer, apagar la computadora, salir a la calle, “vomitar” lo que has creído, sentirte parte del gran colectivo, respirar profundamente y sentirte despertar.
La libertad está más allá de la democracia. La libertad es el latir del corazón, las sombras escurriendose por el mundo, el tiempo pasando por nuestro rostro, el ocio para pensar lo que deseamos ser y hacer, y el comprender que al final todo se pierde, porque la libertad está para ganarse. Quien no lucha por ella, no la merece.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: