MÉXICO: LA ESCLAVITUD ES PARTE DE MI VIDA.


El voto de los más necesitados, vendido o dado, nos apunta a la dirección histórica de México: El cambio más necesitado no es en el ámbito de “la política real”, es una revolución de la mente.
Foto: México, plantación laboral: En un país en el que los pobres votan o venden su voto libremente y en favor de su propio azote, en el que los más necesitados temen y satanizan el mínimo cambio político a su favor, en el que la cultura popular se compone de hábito nefastos para la salud física, mental y social, en el que no hay auto crítica, ni la búsqueda alternativa de un arte de vivir más allá de las tradiciones, en el que la juventud despierta de su abandono virtual a última hora, y en el que la gran mayoría sabe que un acto armado sería aplastado, antes que por el ejército, por la negatividad pública, el chisme y el miedo popular; bajo estas condiciones, sin falsas esperanzas, auto engaños piados, y sin confundir la inocencia con la estupidez , ¿quién en su mente correcta, diría que salir a marchar es suficiente, que gritar consignas para auto motivarse es el camino rumbo al cambio? Creer en política, es lo mismo que creer en religión, un acto de fe mal ubicado, porque la única esperanza que podemos aspirar, es la que nace en la acción, y no cualquier acción, sino la acción en dirección hacia una revolución de la mente.
En un país en el que los pobres votan o venden su voto libremente y en favor de su propio azote, en el que los más necesitados temen y satanizan el mínimo cambio político a su favor, en el que la cultura popular se compone de hábito nefastos para la salud física, mental y social, en el que no hay auto crítica, ni la búsqueda alternativa de un arte de vivir más allá de las tradiciones, en el que la juventud despierta de su abandono virtual a última hora, y en el que la gran mayoría sabe que un acto armado sería aplastado, antes que por el ejército, por la negatividad pública, el chisme y el miedo popular; bajo estas condiciones, sin falsas esperanzas, auto engaños piados, y sin confundir la inocencia con la estupidez , ¿quién en su mente correcta, diría que salir a marchar es suficiente, que gritar consignas para auto motivarse es el camino rumbo al cambio? Creer en política, es lo mismo que creer en religión, un acto de fe mal ubicado, porque la única esperanza que podemos aspirar, es la que nace en la acción, y no cualquier acción, sino la acción en dirección hacia una revolución de la mente.
La revolución de la mente no es una solución o una panacea social, es un camino que se puede emprender individualmente, es la simplificación voluntaria de nuestras adicciones al consumismo, es una forma de progreso sin necesidad de partidos, organizaciones, tecnología, y sin tener que esperar a que llegue la revolución política; es una acción auto crítica y contra cultural que busca transformar valores, hábitos y tradiciones para encontrar una mejor forma de vivir dentro de lo posible; es un llamado a no sentirse deprimido porque se carece de dinero para salir, y comenzar a crear nuevas formas de juego, entretenimiento y ocio.
La razón principal por la cual el pueblo avanza pacíficamente hacia la esclavitud laboral, es porque su mente ya fue esclavizada. No creer que la cultura está secuestrada por el complejo industrial del sistema, es desconocer la naturaleza de las cadenas de la esclavitud mental. La esclavitud mental no sólo es una adicción televisiva y religiosa, es fe en una tradición decadente y fidelidad a la cultura de masas.
Si para cambiar vas a esperar a las siguientes elecciones, a que la educación pública se mejore, a que la religión desaparezca, a que el comercio y la publicidad sean responsables, a que los banqueros y especuladores de bolsa se auto regulen, a que los políticos se eduquen y controlen sus impulsos de avaricia, a que el pueblo despierte y se den todos la mano, en realidad no tienes idea de que eres parte del problema.
Quien ya inició un camino hacia una forma de vivir desconectada de los valores y ritos del sistema y la cultura consumista, ha iniciado una auténtica revolución de la mente que se debe continuar día a día hasta el fin de nuestra vida.
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