SOBRE LA AUTORIDAD DE LOS CONSEJOS LITERARIOS, LAS INSTITUCIONES Y LAS FERIAS DE LIBROS:


Una literatura no es más que una escritura que se tiene en alto estima por un grupo, comunidad o sociedad. Los parámetro definitivos de lo que es “la literatura” o “la buena o la mala literatura”, son construcciones provisionales de especialistas, academias, capillas, grupos de aficionados y consejos ad hoc que imponen sus gustos cristalizados en normas literarias de in y exclusividad. Este es el panorama que se revela posterior a la deconstrucción del “edificio” de la literatura, el lenguaje y el significado por la filosofía continental y analítica de la primera mitad del siglo XX, y que nos descubre el cómo se utiliza la Literatura (con mayúscula) en la consolidación del poder. En otras palabras, el acto de auto asignarse el rol de pontificar qué libros “tienen la calidad”, “el mérito” o “el contenido apropiado” para ser presentados en las instituciones, ferias y mercados, fundamenta el poder de los consejos literarios al hacer de su opinión “el parámetro” (opinión moldeada a los intereses políticos del momento) y siendo epistémicamente subjetiva cualquier opinión, -no hay justificación empírica que sustente tal juicio y autoridad-, es sólo el poder constituido por una “misteriosa asamblea” que se disfraza institucionalmente para justificar “la participación civil y democrática”, y recibe la venia de funcionarios que utilizan las ferias de libros para encubrir el hoyo sin fondo de la educación nacional y la debacle cognitiva de un pueblo ignorante por diseño económico y político. Así nace la panacea literaria: la imagen de un libro “cúralo toda ignorancia” con la que los administradores adornan sus carreras políticas y las grandes editoriales monopolizan el conocimiento de un pueblo. Finalmente, el poder institucional, académico, administrativo, mediático y despótico es lo que determina en un país sometido por el autoritarismo y el analfabetismo funcional, no sólo qué es y qué no es literatura, sino quién es y no es oficiante de las letras: “si no estás en la feria, no eres escritor”.
Foto: SOBRE LA AUTORIDAD DE LOS CONSEJOS LITERARIOS, LAS INSTITUCIONES Y LAS FERIAS DE LIBROS: Una literatura no es más que una escritura que se tiene en alto estima por un grupo, comunidad o sociedad. Los parámetro definitivos de lo que es "la literatura" o "la buena o la mala literatura", son construcciones provisionales de especialistas, academias, capillas, grupos de aficionados y consejos ad hoc que imponen sus gustos cristalizados en normas literarias de in y exclusividad. Este es el panorama que se revela posterior a la deconstrucción del "edificio" de la literatura, el lenguaje y el significado por la filosofía continental y analítica de la primera mitad del siglo XX, y que nos descubre el cómo se utiliza la Literatura (con mayúscula) en la consolidación del poder. En otras palabras, el acto de auto asignarse el rol de pontificar qué libros "tienen la calidad", "el mérito" o "el contenido apropiado" para ser presentados en las instituciones, ferias y mercados, fundamenta el poder de los consejos literarios al hacer de su opinión "el parámetro" (opinión moldeada a los intereses políticos del momento) y siendo epistémicamente subjetiva cualquier opinión, -no hay justificación empírica que sustente tal juicio y autoridad-, es sólo el poder constituido por una "misteriosa" asamblea que se disfraza institucionalmente para justificar "la participación civil y democrática", y recibe la venia de funcionarios que utilizan las ferias de libros para encubrir el hoyo sin fondo de la educación nacional y la debacle cognitiva de un pueblo ignorante por diseño económico y político. Así nace la panacea literaria: la imagen de un libro "cúralo toda ignorancia" con la que los administradores adornan sus carreras políticas y las grandes editoriales monopolizan el conocimiento de un pueblo. Finalmente, el poder institucional, académico, administrativo, mediático y despótico es lo que determina en un país sometido por el autoritarismo y el analfabetismo funcional, no sólo qué es y qué no es literatura, sino quién es y no es oficiante de las letras: "si no estás en la feria, no eres escritor".
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