VIOLENCIA ESTRUCTURAL Y PANISMO CULTURAL


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“Nos vamos a acercar con todos, la intención es ser incluyente en todo momento,

sin distingo alguno de grupos de ninguna naturaleza, abierto el Instituto a todos”

-Manuel Felipe Bejarano Giacoman

Al darse a conocer los resultado del PECDA y la distribución del presupuesto del Instituto de Cultura de Baja California para el sexenio 2013-19 (250 millones 200 mil pesos), y ante la ausencia de proyecto de la administración entrante, declara el nuevo director del instituto, Manuel Felipe Bejarano Giacoman, “Ahorita el proyecto es prácticamente lo que estamos tratando de integrar en esta propuesta […] primero vamos consolidando lo que ya hay.”

¿Qué significa para la comunidad artística un director cuyo “plan de trabajo” es el mantenimiento? Y sin haber realizado un recorrido de reconocimiento por las comunidades culturales del estado, declara, “Además, estamos gestionando recursos […] sobre la intención de ir con los integrantes de la Cámara de Diputados a nivel federal a decirles: ‘Baja California levanta la mano, traemos estas propuestas’.” ¿De qué propuestas nos habla?

EL PLAN NO ES EL DESARROLLO

Los resultados de los proyectos aprobados no responden a diagnósticos, no se conocen los criterios de selección, no hay explicación de sus atributos, ni justificativa del por qué de su aprobación, esto no es nada nuevo, puesto que la visión que dirige los fines del ICBC, se caracteriza más por la espectacularización que por la eficacia y el interés por el desarrollo cultural profundo.

En cuanto al desarrollo de las comunidades de artistas que devienen en un estado de supervivencia de “muertito”, aparatosos proyectos vueltos negocios explotan lagunas administrativas como es el caso de Entijuanarte, que este año recibe fondos públicos para engrandecer su colección de arte PRIVADA.

ENDOGAMIA PANISTA

El monopolio por parte de la burocracia cultural del estado representa la apropiación del financiamiento hacia fines laborales, ideológicos, y partidarios. Esta práctica endogámica por parte del panismo cultural deja ver la fractura democrática entre la ciudadanía y el estado, entre la oferta de proyectos y las necesidades reales de las comunidades bajacalifornianas.

Esta transmutación de lo público en lo privado, y del uso de proyectos como redes para captar presupuestos de la federación, es una práctica que implica asegurarse de salarios de administración de fondos y dejar para el gasto público, las sobras: Una bolsa que se distribuirá a discreción política.

SIMULACROS “EMPRESOY”

No es lo mismo que proyectos individuales reciban financiamiento oficial (en muchos casos de la misma militancia política) a que estos surjan de la interpretación de estudios y diagnósticos de población. Es muy sencillo preguntarse, ¿necesitamos una Expo Libro Infantil (3-5 días) o necesitamos más bibliotecas públicas con una nueva visión que incluya departamento de literatura infantil (365 días)? -Y no es que la Expo sea una mala idea, -es que es una empresa privada recubierta de “interés social”-.

¿Cómo se mide el progreso cultural que proponen estos proyectos? ¿en números? -Se gasta en proyectos cuyo impacto es más publicitario y empresarial, y cuyos efectos sociales se pretenden medir exclusivamente con números de asistencia, como si por ósmosis el espectador generara el desarrollo de la cultura.

El panismo cultural y la burocracia estatal argumentan en base al derecho positivo “los medios son legales”, pero la respuesta crítica a sus medios viene del derecho natural de la ciudadanía, “¿cuáles son sus fines y en que nos benefician?” Acaso, ¿se busca financiar “proyectos espectáculo” y empresas culturales en vez de programas de desarrollo cultural (que vayan más allá del mantenimiento)?

La espectacularización de la cultura implica la transformación de ciudadanos en espectadores/consumidores, y de ciertos creadores que monopolizan la apertura a la comunidad artística, en fichas representativas. Esta situación implica una dinámica que se traduce en un acto masivo de violencia estructural, al dejar a cientos de artistas sin representación, participación, y a la deriva social.

LOS NÚMEROS NO HABLAN, SE INTERPRETAN

Los números van a hablar por nosotros, o sea, yo siempre he pensado que el trabajo dice más que las palabras.”

-Manuel Felipe Bejarano Giacoman.

El problema de esta política no son las palabras, los números, o el trabajo, -es la ausencia del desarrollo cultural en la vida ciudadana-, algo que responde no solo a políticas neoliberales, sino a la miopía administrativa. De los 250 millones 200 mil pesos para el gasto 2013-19, los proyectos financiados por el ICBC no responden a un diagnóstico de las necesidades reales de la población, en su mayoría son el arrastre de lo establecido en términos de militancia política y modelos empresariales, y en otros casos el producto del cabildeo por parte de intereses especiales.

Por ejemplo, este sexenio hay proyectos culturales que pretenden ser de “prevención”, y sin definir qué buscan prevenir se edifican sobre el supuesto de que la cultura es “profilaxis”; hay publicaciones editoriales de estudios académicos enfocados en el exterior del país en vez de estudios de fenómenos regionales; hay programas de caridad y asistencia a minusválidos que deberían ser subsidiados por las secretarías de salud y protección social; hay proyectos de rescate cultural que parecieran intentos fundamentalistas de regresión a modas de vestimenta pasada; hay proyectos que pertenecen a la secretaría de educación, etc., ¿serán estos proyectos una digna representación del potencial creativo de las mentes bajacalifornianas o el pago a compromisos de campaña? ¿serán proyectos de artistas o empresarios? ¿creativos o mercantiles?

VIOLENCIA ESTRUCTURAL

El derecho positivo de los ciudadanos demanda no solo “transparencia y oferta”, sino una visión que responda con planes de desarrollo a partir de necesidades reales. Al parecer, el leitmotiv de la política del ICBC es financiar programas de actividades que atienden problemas implícitos al fallo de las políticas públicas, teniendo como consecuencia una mayor marginalización de la población artística.

Paralelamente, ejerciendo prioritariamente acciones de conservación, remodelación y mantenimiento a expensas de la explosión creativa de la población que empuja y busca ser atendida de manera especializada, se instrumentaliza la violencia: La imposición de un desarrollo que responde a los intereses de la tecnocracia administrativa del ICBC, sin considerar la visión integral del desarrollo humanista de la cultura y de las artes.

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