LA IRRACIONALIDAD FATAL DEL BUDISMO ZEN


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El budismo, independientemente de la secta, país o escuela, tiene un tronco común en su práctica y orientación filosófica, las enseñanzas del Buda… La relación entre el budismo y el fascismo o el capitalismo corporativo es histórica (documental) y filosófica; el budismo se basa en las enseñazas del Buda, cuya búsqueda esencial es la pregunta sobre el sufrimiento humano, y al cual llegó a la conclusión que era el deseo; con la práctica de la meditación se busca desconectarse de la fuente del deseo, el Yo, y como consecuencia de esta presuposición se desarrolla una concepción del mundo de los sentidos como “una ilusión” que no merece nuestra voluntad, indentificación, o empatía. El concepto del karma es algo que fácilmente justifica las acciones de la injusticia social y del racismo como ha sido ampliamente documentado en el caso de la India, del Japón imperial y del nazismo, permite elaborar desde la práctica de la meditación la desconexión con el mundo (Maya): “Su sufrimiento (judios, chinos, pobres) es su karma, algo hicieron en vidas pasadas que merecen la injusticia, la explotación, el exterminio…” (Dharma); por ello, la filosofía budista es un instrumento muy atractivo para los fascismos, imperialismos, y a así como para los militares, industriales, políticos, y ejecutivos capitalista de hoy, puesto que no solo vacía la mente de todo sentido de responsabilidad, culpa, y vergüenza, sino que justifica a los fuertes, no en términos históricos como la lucha de clases o la división del orden social basado en el dinero o en la raza; sino en base a la “reencarnación”, es decir, “la injusticia social en la que vives es producto de tu mala vida en reencarnaciones pasadas”. Otro concepto dogmático (irracional) es el samsara, “el proceso del llegar a ser” que niega la posibilidad al individuo de que “la esencia precede a la existencia”, es decir “eres lo que haces con lo que lo otros hicieron de ti”, y no lo que fuiste en una vida pasada… Indudablemente, el budismo fácilmente cae en un utilitarismo perverso al que se presta por su propia concepción filosófica amoral y dogmática, y por minar el desarrollo del libre albedrío, la noción de la causalidad, el poder de la voluntad, la lucha de clases, y el progreso a cambio del fatalismo kármico.

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