VIDAL PINTO, A LA MEMORIA FUGAZ DE UN FOTÓGRAFO


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Las “fotografías” que mi mente tomó de Vidal Pinto, se quedan como postales de largas conversaciones en los encuentros azarosos que tuvimos en calles, pasajes y eventos culturales. Hace una semana fue nuestra última reunión en el puesto del fotógrafo Antonio Vega. Vi a Vidal muy cansado, y después de un casi una hora de conversación sobre música se retiro con pasos lentos y cortos, “Nos vemos, ya me voy”, nos dijo y desapareció por el Pasaje Gutiérrez. Para mi, Vidal representa la cultura de Tijuana, conocía la historia de la ciudad con nombres, hechos, y desechos conocidos y desconocidos. Siempre tenía detalles que agregar para enriquecer las pláticas que surgen en la chorcha con los amigos. Supo combinar magistralmente su basto conocimiento cultural con los chismes locales. Entraba y salía de temas sobre música clásica, jazz, arte, libros viejos, raros, y extraordinarios, y ante todo poseía un gran sentido del humor ácido, crítico, y no toleraba la vulgaridad, ni la mediocridad, y lo expresaba abiertamente. Recuerdo su estilo secretivo para compartir sus intimidades fotográficas en voz baja; sus modelos esculturales y demás gustos que tuvo en su privacidad. Sabía que me gustaba conversar sin límites, desde los 80s nos habíamos encontrado azarosamente en la calle y quedado horas parados en una esquina platicando. En los últimos años en las reuniones sociales, cuando se cansaba del rumor de la multitud, de la pose y los cumplidos a su persona, me buscaba para deshogar lo que realmente pasaba por su mente. No sólo compartimos la identidad local, sino esa otra vida al otro lado de la frontera (quedamos pocos con esa memoria); la educación en San Diego, las compras semanales, los paseos, y el gustos por las viejas librerías de libros usados en el downtown de San Diego, establecimientos que ya han desaparecido bajo condominios y la renovación turística. Otro gusto excéntrico de Vidal fue por la radio pública nacional de Estado Unidos. Escuchaba programas nocturnos como “Coast to coast AM” que aborda temas de conspiración y lo paranormal; “A Prairie Home Companion’s News from Lake Wobegon”, que presenta monólogos, música folk, y anécdotas. Y cuando Vidal supo que yo había crecido escuchando “The heart of space” (1973) en la 89.5 FM, programa precursor de la transmisión radial de música ambient mezclada e ininterrumpida por horas, sellamos un pacto de complicidad. Compartíamos la cultura fronteriza y no sólo la identidad tijuanense, -ahora simplificada a lo monocultural y monolingüe-, algo que Vidal sencillamente detestaba, para él, las nuevas migraciones del sur habían destruido la civilidad de Tijuana, y por más arrogante que haya sido su postura con sólo dar un paseo por el centro de la ciudad, se puede constatar la aguda certeza de su visión. En él, encontré eco a muchos de mis comentarios y críticas que me han aislado del resto de la comunidad cultural, y definitivamente, voy a extrañar su complicidad y conexión a esa mundo del pasado que ahora existe en la memoria, tal como nuestro amigo Vidal Pinto (1939-2014).

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