NUEVO RECORD DE INFAMIA NACIONAL


puerta palacio nacional

Ni las víctimas de Tlatelolco tuvieron una muerte tan cruel y sádica como la de los normalistas de Guerrro: balazos, asfixia, quema, picadillo, negación, encubrimiento, descubrimiento, luto nacional, bandera a media asta; que hipocresía, que cochinada, que salvajismo. Desaparecidos y muertos bajo tierra abonan la farsa de nuestra frivolidad política y adicción al disimulo, al silencio cómplice, a pretender que nada está sucediendo, a querer creer y apegarse a las simulaciones en las pantallas, negando lo que es evidente en las calles, en el margen de la pobreza, en la ira de los estudiantes, en los ojos de todos los que para sobrevivir se comportan como perros rabiosos, es decir, -no solo es un ‘crimen de estado’, es un crimen de cultura-; del camionero, el taxista, el pordiosero, el burgués, el ministro, el burócrata, el maestro, el comerciante, el policía, el narco; todos llevan la semilla de la bestialidad primitiva de un pueblo de ‘simios desnudos’ dispuestos a robar, golpear, torturar, desaparecer, y decir “me vale madre”, “la muerte me la pela, soy bien macho y qué”. Así hemos llegado al umbral de un futuro sacrificado al ogro del poder, y la nueva sangre regada en el suelo infértil de una historia nacional sin sentido, ni valor, y me pregunto, ¿qué será México después del genocidio de Guerrero? ¿Quién seguirá votando por cualquier partido cuando su corazón está en el altar del sacrificio e ‘izquierda y derecha’ son cómplices de su propia muerte? ¿Cuántas dagas de obsidiana enterradas en el pecho se necesitan para reconocer que se es una víctima más de su propia gente, de sus propios gobernantes, de su propia ignorancia, de su propio valemadrismo? -Veámonos en el espejo, se desquebraja, tenemos los gobernantes, la PGR, y la policía que merecemos como pueblo: El genocidio, la impunidad, y la corrupción son la consecuencia de la complicidad social de un pueblo adoctrinado para la competencia, el egoísmo de superviviencia, la obediencia y la abnegación como método de movilidad social, y el autoritarismo machista y la violencia como cultura y religión.

Foto: Momento en que prenden fuego a puerta de Palacio Nacional, 8/11/2014. Foto Víctor Camacho
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