DANIEL SALINAS BASAVE: VIOLENCIA REACCIONARIA Y FASCISMO


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La tecnificación y personalización de la violencia es el último medio para ocultar la naturaleza de unas costumbres de una destructividad tan brutal que ni siquiera podemos ritualizar.” —César Rendueles.

Daniel Basave, acreedor del Premio Bellas Artes de Ensayo Malcom Lowry 2014, publicó recientemente un panfleto electrónico que debería ser del interés de la comunidad intelectual y cultural del país, porque el autor pretende dar indicaciones históricas sobre lo que se debe hacer y lo que significan las protestas sociales de los mexicanos en solidaridad al genocidio de Ayotzinapa, sino porque proyecta la psicología de un psicópata. El panfleto se titula mordazmente, “You say you want a revolution…”, conocida frase The Beatles con la que el autor se abandera.

Esta famosa canción es una crítica a los métodos reaccionarios de quienes protestan contra gobiernos reaccionarios. Basave se monta en el título irónicamente, asumiendo que el pueblo mexicano quiere una “revolución armada”, cosa que no he escuchado de nadie que no sea palero, provocador del gobierno, o borracho con la cabeza caliente. Y a partir de lo que pareciera una premeditada asunción, y retorcida y falsa conciencia, el autor construye una perorata de lugares comunes y frases apocalípticas como estas: “la total podredumbre del sistema, lo incurable de su cáncer”, “lo cierto es que la calle nunca miente”; muletillas que adornan un andamiaje ideológico plagado de contradicciones lógicas, y de una retórica incendiaria que enarbola desde el revisionismo histórico, reaccionario y fascista.

En la última versión del panfleto electrónico, el autor, auspiciándose en el derecho a la transparencia llega a proclamar la violencia civil abiertamente, no “armada”, claro, sino confrontativa: el uní-linchamiento verbal de políticos en la calle: Pon contra la pared a tu alcalde, al diputado de tu distrito, a tus regidores.”, “Ponlos contra las cuerdas, oblígalos. Es tu derecho.

La manipulación psicológica del autor es obvia, sus declaraciones incitan a la furia popular con la voz de un “Ayatolá” que demanda desde el púlpito electrónico a convertirse en “yihadista” y sumarse a grupos de “auto justicia”. Basave nos propone un carnaval de agresión sádica disfrazada de acción ciudadana a la “Purgue: Anarchy”.

¿Y a qué lleva este llamado incendiario? -Respiren profundo y exhalen. Visualicen estas frases por un momento: “Si eres restaurantero y a tu negocio llega a comer un diputado que votó a favor del IVA en la frontera, niégale el servicio y córrelo.”, “Pon contra la pared a tu político local más cercano. Te apuesto doble contra sencillo a que es también una basura humana.” A primera vista parecieran “acciones radicales”, pero bajo una reflexión profunda no pasan de ser material para Telemundo; técnicas de catarsis mediática sin consecuencia histórica, vendettas para la satisfacción personal, es decir, la violencia como fetichismo sólo accede al nivel personal y mediático, más no al histórico, ni revolucionario, es amarillismo reaccionario (si sangra, vende).

Desde la visión freudiana/lacaniana, Basave nos propone la suburbanización de la violencia confrontativa como peste política, y pareciera que no se percata que «la violencia civil es la justificación perfecta para desatar más violencia del Estado». Aún sabiendo que la sociedad está desorganizada y en desventaja militar, el autor se aferra al enfrentamiento en las calles, demostrando cierto fascismo en su imaginación política, cito: “Si ves a un político en la calle confróntalo, cuestiónalo con dureza, insúltalo si es preciso. Que sientan el rigor, que se sepan observados y cuestionados, que palpen el odio ciudadano y se sientan inseguros e incómodos, a ver si así les dan ganas de ser diputados en 2015.” Como si los banqueros, industriales, empresarios, comerciantes, educadores, sacerdotes, contadores, abogados, narcos, no fueran parte del problema.

En otro pasaje, basándose en el proverbio árabe, “El enemigo de mi enemigo, es mi amigo”, pretende seducirnos usando un tono “fraternal”: “Formemos frentes comunes, seamos solidarios como ciudadanos. El enemigo común son los políticos.” Esta es una declaración de espuria autenticidad comunitaria; el pseudo radicalismo basaviano pretende hacer creer que los políticos son “el problema”, cuando en realidad la ideología que los conduce y multiplica es el «sistema capitalista».

Basave no concibe que el poder, metafóricamente hablando es una hidra de mil cabezas, “cortas una y salen tres”; y que la ideología ultra-consumista del mercado es el principal factor que multiplica las condiciones en las que se corrompen los ciudadanos; un estado de guerra campal basado en la competencia, la envidia, y la codicia exacerbada en la que sólo importa hacerse rico sin importar nada, ni nadie. Bajo esta condición las instituciones públicas llegan fácilmente a la anomia. ¿Y los bancos? ¿El FMI? ¿El mercado? ¿El dinero? ¿La crisis permante? ¿La guerra infinita? ¿Las contradicciones del capitalismo? -Pareciera que para el autor el sistema es el Estado, y el capitalismo un Dios invisibe, omnipresente, e innombrable.

En el plano psicológico, la voz del texto pareciera la del protagonista de La Naranja Mecánica; Basave proyecta una visceralidad que racionaliza mediante la violencia confrontativa con los políticos, pretendiendo que automáticamente surgirá del choque o terrorismo cívico, un “movimiento social progresista”. Presenta el mito de la «violencia sin proyecto» como alternativa de acción política. Bajo estas condiciones, las “revoluciones de colores” del oriente medio demuestran lo contrario; los viejos políticos y militares vuelven porque el sistema no cambió, -no fueron revoluciones profundas-, sino revueltas subversivas apoyadas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel.

En otro párrafo emerge un alter ego “psicópata” que celebra el odio con auténtico fervor fascista: “Pese a todo, y aun siendo consciente del naufragio histórico de mil y un revoluciones, no puedo ocultar que para mí sería un placer casi orgásmico poder ver caer a una basura humana como Peña Nieto. Ningún presidente mexicano me ha inspirado semejante repugnancia.” En otro pasaje, los colores políticos de Basave brillan cuando sentencia: “…aclaro que detesto a AMLO casi tanto como a Peña Nieto y bajo ninguna circunstancia le daría un voto”, ¿Y a quién se lo daría? ¿Al candidato del Partido Verde o al del PAN? -A pesar de su “radicalismo”, Basave pareciera seguir creyendo en los partidos políticos y en la transparencia de las elecciones en México.

El autor convenientemente pierde la memoria en ciertos casos, y aparenta objetividad crítica en otros, cito: “Insisto: Peña no es la causa sino la consecuencia”; obvio, pero se le olvida mencionar las causas objetivas de la crisis de inseguridad y violencia: la narco-guerra de Calderón y su récord de sacrificios sobre el despiadado altar bélico; la institucionalización del «estado de sitio nacional» y la detonación de la crisis de violencia que EPN tan sólo heredó, ¿por qué no registra su memoria los 22,322 desaparecidos desde 2006? -A pesar de que alaba el trabajo periodístico mexicano, apenas menciona a los 43 normalistas, ¿Podemos esperar que en un futuro hable sobre los 512 casos pendientes presentados este año por la Comisión de la verdad de Guerrero? —No.

El autor vive intelectualmente en el siglo XIX, opta por rebuscar en la historia de las revoluciones argumentos para disuadir la posibilidad de una transformación profunda; minimiza la revolución de la mente a la reacción y el linchamiento verbal que fácilmente pasa a lo físico. Paralelamente al instigar la fisicidad de la acción directa contra la psicología reflexiva, demuestra una orientación fascista, reaccionaria, que nos dice en otras palabras: “No razones. No reflexiones. Just do it”; como si las noticias fueran lo único necesario para saber lo que se debe hacer; como si el estar informado justificara el odio desatado; como si no hubiera repercusiones al mistificar la violencia.

Paradójicamente, Basave les dice a los empresarios:Líderes empresariales de Coparmex, Canacintra, Canaco: Tengan dignidad y asuman el liderazgo., sin saber que el 14 de Noviembre, revista Proceso reportó que la cúpula empresarial encabezada por Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), exigió a Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación (Segob), el uso de la «mano dura». En la reunión estuvieron presentes magnates como Miguel Alemán, de Interjet; Daniel Servitje, de Bimbo, y Víctor Gavito, de Alpura, quienes unieron sus exigencias ante Osorio Chong.

Y para darnos una mejor idea de la magnitud del simplismo basaviano, profundicemos en el tema del vandalismo y analicemos un ejemplo clave, el caso de Plaza Galerías Tamarindos (Guerrero) propiedad de “la pareja imperial”, la familia Abarca Pineda. La historia demuestra que los inmuebles propiedad de dictadores, verdugos, y explotadores son extensiones simbólicas ante un pueblo indignado y enardecido que no dudará en destruir.

La plaza fue vandalizada y a la fecha “luce vacía”. Los comerciantes que rentan locales creen que el problema moral no es suyo, y se quejan de que “no hay clientes”; no comprenden que es absurdo hacer comercio con quien está enriqueciendo a sus verdugos. Sus intereses les impide ver que las rentas que pagan por los locales van a parar a las bolsas de un par de genocidas.

Por ello es preocupante que Basave no tenga idea del entramado económico/político/militar, y desconozca, a pesar de los aplausos que le da al trabajo periodístico y de las apelaciones al derecho de transparencia, que el terreno de Galerías Tamarindos (70 mil metros cuadrados), según informó el Diario 21 de Guerrero en Enero de 2008, fue donado por el entonces “Secretario de Defensa Nacional”; y que el 27/o Batallón de Infantería tiene sus instalaciones justo al frente de la plaza (Ver Google Earth street view), y para colmo desde la desfachatez y la incoherencia, el autor se atreva a dar consejos de esta índole: “Va un propósito muy simple y concretito: todos los días o por lo menos todas las semanas métete a las páginas de transparencia y haz una pregunta. Concéntrate en tu comunidad.”

En otro párrafo, Basave arremete sin percatarse que sus declaraciones lo hacen cómplice de lo que critica cuando dice: “las revoluciones no han servido de mucho en este país”; su postura es hipócrita, puesto que gracias a la Revolución Mexicana existen las instituciones (corruptas o fracasadas) que lo premiaron hace unas semanas con $200,000 pesos (Premio Bellas Artes de Ensayo Malcom Lowry 2014).

Posteriormente revira y se contradice: “La historia dice que un movimiento callejero masivo nacido del hartazgo y la furia sí puede derrocar a un gobierno, aún si carece de liderazgos firmes y objetivos precisos”; es decir, por un lado niega la efectividad revolucionaria institucional y por otro justifica la violencia popular, evidenciando una lógica maniquea y mañosa que instiga intelectualmente a más violencia, y simultáneamente reprime la violencia revolucionaria con su crítica a los movimientos emancipatorios, como si no hubiera una diferencia social entre el siglos XIX y el XXI. Y opta por manipular las pasiones, el odio, el resentimiento hacia acciones irracionales, tal como lo hacen los “infiltrados” en las manifestaciones, cito: No es momento de castrar tu rabia. No dejes que la corrosión de la conformidad adormile tu coraje. Enarbola todos los días tu bandera negra.”

Para colmo final, Basave usurpa lo que ha sido el objetivo de las marchas y protestas solidarias con Ayotzinapa, y lo presenta como reflexión propia, “¿Cuál es entonces la gran lección del otoño 2014? Hay que forzarlos y ponerlos contra la pared. Hostilizarlos, arrinconarlos, no darles lugar a la opacidad”. No sólo regurgita lo que semanas atrás hacen los ciudadanos, sino que ignora el potencial reflexivo y minimiza la esfera de lo posible, de lo emergente a partir del encuentro y de la auto organización por ejemplo; que la acción política reconstituye el tejido social y genera reflexión sobre propuestas que pueden retar el fatalismo teórico con el que argumenta el autor, y tal como le sucedió a Carlos Marx en relación a las revoluciones de independencia campesinas, la historia le demuestre equivocado.

Un análisis psicológico del panfleto revela un sadismo subyacente que nos invita a desaforar la frustración con el sistema en forma de odio y violencia “legal”, ¿Acaso Basave cree que el gobierno no responderá si la gente acosa por las calles a políticos? ¿Acaso no ha sucedido esto desde hace años? ¿Y qué se ha logrado a parte de la satisfacción personal o de ganarse una calentón de guaruras?

Si Basave tuviera la discutible virtud de la coherencia, y fuera personalmente a confrontar cara a cara a los políticos, no a los burócratas, a los políticos pesados, su propuesta tendría un poco de sentido, pero el autor se limita a la comodidad de su butaca y delega el trabajo sucio a los demás, ¿Por qué no predica con el ejemplo?

Por ello, considero importante que se reflexione sobre la propuesta de este intelectual y nos preguntemos: ¿Implementa Basave las tácticas del Estado Mayor y Gobernación? ¿Será el panfleto un instrumento de propaganda? ¿Será Basave un intelectual “infiltrado”? -Si el autor escribió la “biografía” del hijo del fundador del Grupo Atlacomulco de donde sale EPN (La liturgia del tigre blanco: Una leyenda llamada Jorge Hank Rhon), ¿Acaso es tan descabellada como pareciera esta posibilidad?

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