ABSTENCIONISMO POLÍTICO, desobedecer para progresar


ABSTENCIONISMO 2015
Este texto es producto del estudio conducido por “Utopía”, taller de imaginación social y mundos posibles, a partir de cuatro sesiones en las que se discutieron los principios del Estado, el poder, la sociedad civil, y las elecciones en el marco del crimen perpetuado en Ayotzinapa, para determinar una estrategia civil ante la crisis de representatividad política del sistema electoral mexicano.
Concluimos que no importa por qué partido o candidato votes, «todos son una misma clase política», y si votas, participas. Técnicamente, tu participación es un número más que justifica el aumento del presupuesto a los partidos. No importa quien gane, todos son el mismo poder. 
Al ser determinado que José Luis Abarca será juzgado «sin ser el genocidio un crimen de Estado», todos los partidos y sus representantes están involucrados en encubrir la injusticia, la corrupción, y el rescate del narco-Estado-fallido.   
No votes, demuestra tu inteligencia: la racionalidad es el mejor arma contra la ilusión y el error.
El abstencionismo es abandonar el juego como protesta. La fuerza del silencio consciente ante la demagogia y corrupción de los partidos.
El abstencionismo es la «desobediencia civil» que atenta directamente a legitimar y justificar a el Estado. El desobedecer es un derecho. Desobedecer es progresar.   
Jurídicamente, la democracia contempla el «no votar» como protesta extraordinaria. El abstencionismo es una manera silenciosa de manifestar desacuerdo y desaprobación cuando «no hay opción ni salida». Es una acción civilizada y pacífica que busca obligar desde la vida diaria a los políticos, parlamento, y partidos, a hacer transformaciones a la ley electoral, al presidencialismo, al centralismo, y a la Constitución.   
El abstencionismo político nace de la crisis de la representatividad (“nadie cumple sus promesas, nadie escucha tus problemas, nadie dice la verdad, nadie te representa.”). Votamos pero no elegimos. La gente cree que porque los partidos están comprando votos con televisiones y dispensas, tiene que votar para “salvar las elecciones”; olvidando que hace dos meses miles de civiles salieron a gritar, “¡Fue el Estado!”, y en respuesta fueron reprimidos.
Razonar es un acto político.
No se puede imputar a el Estado un crimen y no ser cómplice si se vota. El voto es el mecanismo con el que se delega el poder ciudadano a los partidos y representantes de Estado. Creer que un partido es mejor que otro es «miopía política». La aparente diversidad política es un ilusión, los partidos son una sola clase coludida en el crimen de Estado, en la represión, inseguridad, y ausencia de justicia social y jurídica. 
Los partidos votaron a favor de “regalar TVs” para promover el voto. Algunos dirán que el abstencionismo político “no tiene sentido” porque un partido puede ganar las elecciones con un 5% de la lista nominal, -con el voto fiel de su membresía-. Pero el ser electo por un 5% es muy vergonzoso, -es un poder por derecho-, es “legal” pero no es legítimo.
Se busca que el abstencionismo “gane” las elecciones con un récord histórico del 70% de la lista nominal o más. En 2000 hubo 36%, en 2006 hubo un 41%. Los objetivos: 1- Promover el abstencionismo consciente, activo, propositivo, y masivo (70%). 2- Deslegitimar a la clase política, a los partidos de todas las corrientes, y presentar a el Estado como “narco” y “fallido”. 3- Rechazar los mecanismo institucionales de las elecciones y de la democracia representativa, porque no llevan a la justicia y paz social, y perpetúan a la clase política en el poder. 4- Mandar un mensaje internacional: “México vive bajo un narco-Estado-fallido y no vamos a ser cómplices de nuestro propio depredador y miseria.”
El Instituto Nacional Electoral, dice, “Vota por cualquiera, pero vota”. La paradoja: “votar por votar” es irresponsable, -implica no razonar el voto-, contribuye a erosionar los principios democráticos. Votas por lo que otro te dice, y no por lo que tú investigas y razonas. La democracia tiene credibilidad si las elecciones son hechas por ciudadanos informados. Si estás informado sabes que Ayotzinapa fue un crimen de Estado, y el votar esperando un cambio político, implica una contradicción absurda, te estás auto engañando.
Decir, “Soy independiente, sin partido. Nunca antes lo habían permitido. No crees que vale la pena hacer la lucha.” -Es un error histórico, es prestarse de válvula de presión civil, significa que voluntariamente se prestó a ser el «incauto» en la estafa por legitimar a el narco-Estado-fallido. 
La estrategia de permitir el registro de “candidatos independiente” es una movida de emergencia cuando «los números del abstencionismo» acechan a el Estado; y tiene el propósito de hacer matemáticamente imposible el alcanzar mayoría por uno de los candidato (la paradoja del “enjambre independiente” = fragmentación por diversidad). Esto garantiza que las elecciones sean una contienda entre los partidos dominantes con electorado fiel (voto duro), creando simultáneamente la ilusión de “apertura política” y “participación civil”.
En el fondo, ¿qué esperanza puede haber en el voto? ¿Crees que van a cambiar las cosas si otro partido sube a el poder? -El abstencionismo político es «un derecho implícito en el deber votar», es una estrategia de contingencia, -no es dogma, ni solución final-, es desobediencia civil.
La crítica ayuda a la consciencia a no perderse en el mundo, la teoría le ayuda a saber qué hacer. Para reconocer los tipos de votos posibles y su significado, a continuación una lista de “tipos de voto”: el voto desesperado, el voto de castigo, el voto blanco, y el voto nulo.
EL VOTO DESESPERADO
Es un voto conformista que dice: “Votaré por el menos malo de los malos.” Esta estrategia no nos sirve porque se vota, pero no se elije. Es una postura “abnegada” a la imposición de candidatos y partidos con oferta cerrada. Es una “elección” sin opción, ni salida, además auto-impuesta.
EL VOTO DE CASTIGO
Es un voto dentro de una lógica limitada: “Voto por el partido B, para sacar a el partido A”. Esta estrategia no nos sirve, porque sigue operando dentro del partidismo electoral y legitima el poder, diciendo: “El problema no son todos los partidos, ni las elecciones, -sino ciertos políticos y ciertos partidos-.” -En realidad es una clase política manejando el sistema a su favor. Aunque cambie de partido, el curso está determinado por fuerzas externas como el Fondo Monetario Internacional, la deuda externa, la inversiones extranjeras, la Iniciativa Mérida, los intereses detrás de las reformas de EPN.
EL VOTO EN BLANCO
Vas a la casilla electoral, te registras y obtienes tu boleta y la introduces a la urna sin marcar. Esta estrategia no nos sirve porque dice: “No voto por ningún partido ni candidato, pero “voto” porque ninguno me representa, además creo en la Constitución, la ley electoral, el Instituto Nacional Electoral, y el Estado”. -Si crees que el genocidio de Ayotzinapa fue un crimen de Estado, el votar significa ser cómplice de ese crimen de Estado, porque el voto es como la ciudadanía le transfiere su poder a el Estado.
EL VOTO NULO
Ir a la casilla, registrarte, obtener la boleta y tachar o rayar todas las opciones, dice: “Voy a anular mi boleta para que no la usen, y para que sepan que no les quiero.” Esta estrategia pareciera la idónea pero no nos funciona, porque finalmente aunque «no elija candidato o partido» y las elecciones un sistema “cuantificable”, significa PARTICIPAR. Y se reconoce que el sistema electoral es “transparente y justo”. Se borra la historia de fraudes sin tomar en cuenta que el Instituto Nacional Electoral es un organismo de Estado, y el instrumento que el poder utiliza para crear la ilusión de “democracia”.
NO VOTAR no es suficiente. El abstencionismo debería ser acompañado por acciones directas de autoorganización, autogestión, y formas paralelas con las que la gente se pueda auto-empoderar.
También nos enfrentamos al absurdo de que la gente quiere una “ley que baje los sueldos a los políticos”, pero no se atreve a dejar de pagar impuestos, ¿Se atreverá a no votar? ¿Los apáticos dejarían de serlo al pasar a un “abstencionismo consciente”? ¿Serviría de algo el absentismo político?
Si la resistencia avanza a retirar el poder ciudadano a la clase política, ¿De qué sirve votar por quien no te representa? -El dejar de ser contado, identificado, reconocido, significa pasar a la invisibilidad, a lo desconocido por el poder y el Estado.
Una de las teorías que busca explicar la desaparición de la civilización maya, es la «disensión masiva» de los pueblos por causas políticas y militares. Abandonaron ciudades, se disolvieron los centros de poder al perder a sus constituyentes.
La coyuntura demanda respuesta lógica. Lo importante es no ser rehén, ni cómplice. -No ser víctima de la estafa electoral-. «Se busca restarle poder a la clase política». No ser causa de la propia miseria. La racionalidad afecta la legitimidad del voto: un voto acarreado, vendido, forzado, no tiene el mismo valor y peso que una abstención razonada, informada, y argumentada. «La disidencia es la forma más elevada de consciencia política». Dejemos de creer en el culto a la autoridad, y creamos en nosotros mismos.
Desobedecer es progresar.
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