MES DE LA PATRIA


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Tantos cuerpos que uno ve por la vida haciendo colas, sudando la tarde, caminando al dejar sus labores, buscando el placer con la mirada perdida en su Iphone. Hacen colas, —el cajero se quedó sin dinero, el hospital civil sin camas, un hervidero por las calles… Se confunden sus sombras por las paredes con mensajes, cables, y grietas. Con silencio en las comisuras y el caminar despacio, unos suben, otros bajan, se golpean en las aceras, la pobreza en sus rosotros se chorrea, la imprudencia curtida por el sol es su estigma, la ignorancia y la compasión se apilan en laderas empolvadas ante la estampida del instinto de supervivencia que amenza colapsarce entre muros de llantas y carrocerías apiladas. El desecho humano bajo los puentes serpenteados por el tráfico y el ruido, los pilares de espectaculares entre caídas viejas palmas, se abre la tierra seca poblada de vidas secas, ramas secas, letras secas… Más allá de la pornografía, la obsenidad de la supervivencia abre piernas y fauces… Para un pueblo fallido y sin brújula estas son las cuatro direcciones de su crisis: el miedo y la culpa, el cinismo y la desesperación. “Por la señal de la santa cruz… Amén…” Juventud sin mañana reza ante un horizonte sin escape, amurallado por un destino de pantallas. Prematuramente envejecida y endeudada, vacía de ideales y realismo, adicta al veneno virtual del cinismo y la fantasía, la inunda y desgarra la miopía, no ven más allá del Oxxo… Un hombre sucio y tirado en la acera ve una peli de acción en la vitrina, se ríe con la vista perdida, ¿sueña ser el “malo” de la película? Y aquella mujer de perfume escandaloso y barato vive de comerciales, pareciera soñar ser la “heroína” de la telenovela. En el inner sanctum de su vacío aspira a un loft en el ápice de la pirámide ensangrentada por el sacrificio social. Abajo, yonkes humanos deambulan como zombis entre chatarra global, meten manos en los basureros, manos percudidas manosean los cadáveres del águila, la serpiente, y de todos los héroes de la patria, sus cuerpos hinchados flotan sobre un charco de sangre, aceite, y aguas negras… Agua bendita donde se baña cantando un pueblo ciego y sin rumbo que arrastra su bandera sucia en silla de ruedas: “¡Viva México, cabrones!” “¡Somos los meros chingones!”
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