ADICCIÓN TECNOLÓGICA


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La tecnología puede generar desgastes en el organismo, independientemente de la personalidad del usuario y de su estado psicológico. No se necesita tener “personalidad adictiva” para generar síndrome de “ojo seco” o “carpiano”, el desgaste orgánico es producto del uso y el abuso. El enganche con la tecnología no se debe a que millones de usuarios tienen “personalidad adictiva”, sino a que los aparatos son extremadamente seductivos, gratificantes, envolventes, absorventes, y sexys; están diseñados con el objetivo de captar la atención, provocar deseos para engancharte. Además, mediante la mercadotecnia y la publicidad se explotan todas nuestra debilidades perceptivas, emocionales y simbólicas. En la foto: Hombre sorprendido in fraganti en el andén de una estación observando el mundo real.
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El argumento de que los “vacíos existenciales” y las “tendencias adictivas” con las que cargamos como individuos, son “la verdadera causa” de la adicción tecnológica, es el nuevo contrataque de la industria cibernética y de videojuegos. Es como decir que si te haces fumador es porque tienes personalidad adictiva, negando lo que ha sido comprobado clínicamente; la nicotina es adictiva porque produce estímulos gratificantes en el cerebro, y el tabaco produce cáncer a pesar de que por décadas la publicidad lo negó bajo el mito Marlboro, Benson & Hedges, Virginia Slim, Lucky Strike; escondiendo los efectos debastadores de los químicos en el cigarrillo como el cianuro, benceno, aldehído fórmico, metanol, acetileno, amoniaco, son más de 7,000 compuestos. Lo mismo sucede con Internet y los teléfonos inteligentes, hay quienes tienen problemas de aislamiento social y se refugian en las redes sociales y desarrollan el síndrome carpiano, “ojo seco”, dolores de espalda, déficit de atención, ansiedad por desconexión, trombosis venosa, el “poopsocking” (defecar en un calcetín para no despegarse de la pantalla), pero estos efectos no están directamente relacionados con la disfunción social del individuo, —sino con el abuso tecnológico—, y es aquí donde la industria pretende esconder o minimizar los efectos negativos de los aparatos, porque independientemente de qué tipo de personalidad se tenga, —el uso prolongada de la tecnología implica desgastes en el organismo y transformaciones en la subjetividad—, es decir, en la personalidad, identidad, y hábitos cotidianos, tales como: aislamiento, superficialidad, impaciencia, déficit de atención, falta de imaginación, fetichismo, infantilismo, y vivir con un exceso de información que no se logra transformar en cononcimiento pero que atiborra la memoria de corto plazo. Todos estos efectos ya han sido identificados clínicamente y relacionados al exceso y abuso tecnológico, y al llevar una vida inmersa en una “explosión de energía”, la electricidad que genera la ciudad es 200 millones de veces más alta que los niveles naturales de la Tierra, y aún así nos preguntamos por qué vivimos con tanto “estrés”, el asesino #1 del planeta.
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