EL SISTEMA MUERA POR SUS PROPIAS CONTRADICCIONES


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Uno de los problemas por los que no podemos imaginarnos algo más allá del sistema social que domina nuestras vidas, es porque nos vemos inescapablemente parte de él, es decir tomamos una perspectiva binaria, sin percatarnos que la dialéctica nos demuestra que el mundo se transforma de manera “contradictoria”, no solo los opuestos se atraen, sino que cada cual contiene a su opuesto, por ejemplo, un veneno contiene su antídoto, un virus contiene su vacuna, el hombre contiene elementos femeninos, y la mujer, masculinos, al igual que de la muerte nace la vida, y de la vida surge la muerte. Otro aspecto de interés es el hecho de que la gran mayoría descarta alternativas solo porque no representan una “solución final”, esta actitud domina a muchos, lo leo y escucho constantemente cuando dicen, “¿qué propones?” “¿cuál es tu solución?” —Se imaginan automáticamente que todo tiene solución, como si la decadencia y la muerte de alguna maneran no fueran una “di-solución”, es decir, no aceptan que la decadencia de la civilización y de las formas de organización sea parte de la vida de las sociedades, y que inevitablemente llega un momento en que se tienen que dejar ir, soltar, no hay nada que se pueda hacer, el organismo biológico o social ha cumplido su ciclo, es hora de iniciar otro, de organizarnos de otra manera, y todo proceso social tomará su tiempo, ese es otro punto, el proceso ya está ocurriendo, nos encontramos en un estado de “decadencia”, “lo nuevo aún no acaba de nacer y lo viejo de morir”. Históricamente se ha comprobado que la élites son las menos interesadas en las transformaciones y la movilidad social, por ello, a diferencia de otras épocas, los “plebeyos” y “ciudadanos comunes” podemos iniciar “dialécticamente” el proceso de transformación, reclamando nuestra autonomía, renunciando a la esperanza de que el sistema nos “redime o salve” o que puede llegar “el gran reformista”, el sistema muere por sus propias contradicciones estructurales, ideológicas, y humanas, quien no comprenda lo que es el sistema, tampoco comprenderá el valor de lo que cada uno puede hacer al no contribuir en su prolongación. La razón por la que la gente insiste en querer “hacer la diferencia” y en creer que “el sistema tiene arreglo”, en realidad son varias razones, va desde los intereses individuales, hasta la educación, programación, ignorancia, la religión, pero también la impronta que la evolución ha programado en nuestro genes, la “esperanza”, fundamental para nuestra sobrevivencia, y que paradójicamente significa “esperar” y por ello implica “pasividad”, —un no hacer nada—, quedarse esperando que la providencia libere. Pero también tiene que ver con el encierro de nuestros paradigmas, el no poder ver más allá de los propios conceptos y valores, el ser incapaz de pensar fuera del sistema, el actuar absurdo y querer arreglar un proceso haciendo exáctamente lo mismo, o a la inversa, el no querer dejar de practicar lo que nos ha traido a la crisis. Si estás esperando el mesías, el avatar de síntesis, el profeta, el líder, el partido, el candidato, el político que haga la diferencia, corres el riesgo de quedarte como los personajes de Esperando a Godot.

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