El Secretario de Desarrollo Económico de B.C., Mariano Escobedo Carignan, anuncia proyecto en el “…que el Trolley cruce a Tijuana desde San Ysidro a cargar y descargar pasajeros…”.
A primera vista pareciera de ¡WOW! Pero al volver a analizar la propuesta con detalle y retrospectiva se descubre el viejo patrón que define la política Escobedo desde los inicios de la Cámara de Comercio de Tijuana.
Un poco de historia.
La prosperidad de San Diego en gran parte se funda sobre la explotación de Tijuana por los barones de la frontera en el primer tercio del siglo XX.
Por esta razón histórica, el poner al turismo como prioridad sin ofrecer algo verdaderamente innovador para el interior del valle de Tijuana y sus zonas aledañas, demuestra continuidad de la misma política del sindicato del turismo-comercio amafiado con Escobedo y Bonilla.
Como comerciante me pregunto, ¿Qué hizo Escobedo en la CANACO para desarrollar el comercio en Tijuana? —Ni siquiera tenía agua en los salones que usamos para reuniones y que pagamos con nuestras cuotas—.
En lo intelectual la mirada de Escobedo no tiene horizonte más allá de negocios enjuagados de “desarrollo social”. Usa maniobras de principios del siglo XX: beneficiar primero a los barones de la frontera haciendo creer que progresamos cuando en realidad ofrece migajas chapeadas a los ciudadanos.
El mismo Escobedo lo dice: “El proyecto estima se dupliquen las ganancias del Trolley…”, y de nuestro lado, “…tendría implicaciones en el tránsito de la ciudad como en la reducción de gases contamientes”, ¿colaterales inmateriales? ¿realmente la gente va a dejar el carro y pagar estacionamiento y Trolley? ¿y las ganancias de Tijuana para quién son? ¿facilitar a los “esclavos laborales” el cruce?
A manera de nota hay que recordar que la Cámara de Comercio de Tijuana desde su nacimiento en 1926 ha sido veleta política —según los vientos es el lado—, y al parecer ha sido del lado del dinero.
Al otro lado de la frontera, la empresa San Diego Trolley desde su origen se ha caracterizado por su política fascista. Por ejemplo a principios de los 80s los operadores ayudaban al servicio de inmigración en sus funciones. Llamaban a la migra y paraban el Trolley hasta que los indocumentados eran detenidos y bajados esposados, a veces arrastrados hasta las patrullas fronterizas.
¿Geografía es destino? ¿pueblo o barones, primero?
Una economía basada en el turismo es una economía dependiente de mareas binacionales inestables: económicas, políticas, financieras, y humanas.
Es por esta razón que el avanzar en el incremento de la codependencia en vez de perseguir el desarrollo de la autonomía, no es política de izquierda —es política retrógrada neoliberal—.
Un verdadero economista de izquierda pondría “orden en la casa” y fincaría una nueva etapa de progreso interno urbanizando el desorden víal y diversificando el desarrollo de Tijuana, Tecate y Rosarito. Apoyando lo que implique la construcción de una economía menos interdependiente y más autosustentable.
¿Por qué no ver hacia el interior de la línea? ¿por qué siempre al norte sin voltear al sudeste y periferias? ¿por qué, la zona libre solo implica libre de impuestos? ¿por qué no libre de codependencia por diseño y predeterminación a la catástrofe urbana? ¿Acaso no es prioritario comenzar a planear un circuito de metro o tren ligero que interconecte las zonas de Tijuana, Rosarito, y Tecate? ¿Acaso no se está cocinando un “apocalipsis” en la región al soslayar el crecimiento irracional de la mancha urbana?
A la larga la expropiación por Cárdenas de los casino fue lo mejor que le pasó a Tijuana en 1937, porque forzó a los ciudadanos a dejar de coquetear con los extranjeros e invertir en sí mismos, y liberarse del yugo de los barones de la frontera y sus negocios que en un principio solo contrataban extranjeros en suelo mexicano con la venia del presidente Abelardo L. Rodríguez (1932/1934).
Foto: Metro Calafia, proyecto ficción para la región Tijuana, Tecate, Rosarito. Gerardo Navarro.